El Comité de Basilea de Supervisores Bancarios (Bcbs) tuvo su origen en las severas perturbaciones financieras derivadas de la crisis del petróleo de 1973, que culminaron con el colapso del banco alemán Bankhaus Herstatt.
Los profundos cambios acaecidos en el funcionamiento de la banca y de los sistemas financieros motivaron que, en 1998, el BCBS1 emprendiera una revisión completa de sus recomendaciones en materia de solvencia, y que dieron lugar a un nuevo acuerdo (Basilea II).
Ante la crisis financiera del 2008, se está trabajando ahora en la adopción de nuevas medidas que permitan mantener un marco de supervisión actualizado, que tenga en cuenta los últimos avances en las técnicas de medición y las prácticas de gestión de riesgos.
Este examen se emprendió en torno a tres principios fundamentales: debe existir un vínculo estrecho entre el riesgo que asumen las entidades y el capital regulatorio, lo que en términos prácticos supone acercar el capital regulatorio al capital económico de estas.
Los supervisores nacionales y la disciplina de mercado juegan un importante papel en la adecuación del capital, no siendo suficiente con la ratio de capital. Se deben generar los incentivos adecuados para que los bancos mejoren la gestión del riesgo.
Teniendo en cuenta lo anterior, las autoridades monetarias reunidas en Basilea, acordaron un conjunto de reglas relacionadas, sobre todo, con los fondos propios del sistema bancario, estableciendo que estos últimos deben tener en reservas fondos propios que alcancen el 7% del monto de los préstamos que entreguen a sus clientes.
En la actualidad, esa proporción es del 2%. Esta medida, con la que se busca que los bancos puedan absorber pérdidas y resistir crisis para evitar un resquebrajamiento del sistema financiero, se realizará de manera gradual entre el 2013 y el 2018, para darles así tiempo a las entidades de encontrar nuevas fuentes de financiamiento.
De otra parte, los países deberán modificar sus legislaciones para hacer efectiva esta medida, situación que también tomará tiempo y que seguramente encontrará opositores.
Las modificaciones incluyen una detallada definición de capital y riesgo de contrapartida. También se llegó a un acuerdo sobre la liquidez de estas entidades, uno de los principales problemas que se presentaron con la quiebra, en septiembre del 2008, de Lehman Brothers. Según lo acordado, los bancos deberán demostrar dos montos mínimos de liquidez (aún no han sido definidos), que les permitan resistir las 'vacas flacas' sin tener la necesidad de acudir al mercado en busca de recursos.
Los acuerdos de Basilea III deberán ser aprobados el próximo 11 de noviembre, en Seúl, durante la Cumbre del G-20, y su plena vigencia será para el 2012.
Han sido bien recibidos por analistas y por los entes de control, ya que se considera que el ratio mínimo de capital básico del 7% para el 2019 deberá ser manejable para los bancos, pues la mayoría de ellos pasaron las denominadas pruebas de estrés, que consisten en la proyección de sus principales parámetros de rentabilidad y solvencia en función de escenarios alternativos, aunque aún queda la duda de si ellas fueron suficientes para comprobar que no tienen problemas profundos y necesitan una inyección de capital importante para garantizar su supervivencia futura.