No queda duda de que América Latina vive uno de los mejores momentos económicos de su historia.
La región creció en el 2011 al 3,5% y en el presente lo hará al 4%.
A pesar de ello, se ha levantado una fuerte ola proteccionista, encabezada por Brasil y Argentina. Estos países han puesto en práctica diversas medidas, las cuales no se limitan al campo del comercio exterior, como aumento de los aranceles, adopción de medidas antidumping, establecimiento de márgenes de preferencia en las compras oficiales a favor de los productos nacionales, renegociación del Acuerdo Automotor con México etc., sino que se extienden a los campos de las políticas internas y de estímulo a la competencia y la innovación.
Algunos consideran que ante la buena situación económica de la región, la restricción a las importaciones debería ser menor, pero el hecho es que las políticas proteccionistas obedecen a otras causas.
Primero, hay una preocupación en Brasil de que las manipulaciones del tipo de cambio que de manera artificial están realizando las economías avanzadas para estimular la competitividad internacional de sus empresas, ha provocado el aumento de los productos importados en perjuicio de los nacionales, lo que hace necesario fortalecer las cadenas productivas y proteger la industria nacional de estas prácticas comerciales ilícitas.
Segundo, se estima que esta situación, ocasionada por el alza de las materias primas y por las condiciones favorables de financiación creadas por la política expansiva de los países avanzados, es pasajera, y que lo que se necesita es invertir los ingresos generados por la extracción de estos recursos naturales en otras áreas de alto valor agregado para aumentar la productividad en beneficio de las futuras generaciones.
Con base en lo anterior, se lanzó el plan ‘Brasil más grande’, que otorga 16.000 millones dólares en recortes y devoluciones de impuestos a las industrias brasileñas más sensibles en sectores como el automotriz, textiles, calzados, muebles y software.
Argentina adoptó una serie medidas arancelarias que hacen poco transparente la política de importaciones y la administración de licencias de importación, lo cual ha provocado una queja de más de 40 países por considerarlas violatorias de los compromisos con la OMC.
La visión que tiene Brasil sobre la necesidad de permanencia de estas medidas es muy firme.
“El mundo está en una crisis que se arrastra hace más de dos años. Los países avanzados no dan señales de solución a sus problemas, tenemos que tener la perspectiva de que la situación no se va a mejorar, sino en dos o tres años”, dijo el ministro de Hacienda de este país, Guido Mantega.
En estas circunstancias no es de esperar que Brasil, por razones coyunturales y estructurales, cambie sus políticas, ni que esté dispuesto a aceptar la propuesta de Colombia para celebrar un acuerdo de libre comercio entre los dos países.
Lo que Colombia debería pensar es cómo combina su apertura a la económica internacional con estos brotes proteccionistas y cómo fortalece sus políticas internas para avanzar hacia una sociedad más orientada a la tecnología.
Manuel José Cárdenas
Consultor internacional
emece1960@yahoo.com