Con el lema ‘Sí se puede’ inició Barack Obama en el 2009 su primer Gobierno con un ambicioso programa de reformas internas que se convirtieron en leyes para la reinversión y recuperación de la economía, la creación de empleo, el restablecimiento del seguro de desempleo, la protección al paciente y cuidado de salud asequible, y la Ley Dodd-Frank sobre la reforma financiera y de protección a los consumidores.
En política internacional, acabó con la guerra de Irak, incrementó la presencia de tropas norteamericanas en Afganistán, firmó el nuevo tratado Start III de control de armas con Rusia, ordenó la intervención militar estadounidense en el conflicto libio y el priemro de mayo del 2011 anunció que un grupo de las fuerzas especiales de la Armada estadounidense habían matado a Osama bin Laden en Pakistán. Por estas realizaciones fue reelegido en el 2012 para un segundo periodo.
En su discurso sobre el Estado de la Unión, reafirmo sus ideas sobre una nueva economía energética, que implica una revolución verde, y lanzó un plan específico para el sector manufacturero, iniciado con el rescate del ramo automotor, que busca profundizar con un enfoque más ambicioso, en donde el énfasis se ponga en las compañías manufactureras de alta tecnología, las cuales deben gozar de una deducción del doble de impuestos de la que recibe una empresa corriente por fabricar sus productos en Estados Unidos.
También anunció la creación de una red de 15 centros de innovación manufacturera para que el país sea un “imán de nuevos empleos”, para los cuales se destinaran recursos por 1.000 millones de dólares.
Se ha preguntado que, si a pesar de los escándalos, estas grandes reformas enunciadas y otras que están pendientes son aún posibles.
Los escándalos se refieren a las sospechas sobre el comportamiento de la administración en el ataque terrorista a Bengasi en el 2012, la revelación de que la agencia recaudadora de impuestos (IRS) discriminó negativamente a grupos conservadores y el descubrimiento de que el Gobierno registró las llamadas hechas desde teléfonos de la Associated Press (AP).
Las grandes reformas pendientes, además de las enunciadas, versan sobre inmigración, que busca beneficiar a la economía de más manos y cerebros brillantes; reforma tributaria, que busca aumentar los ingresos fiscales para los demócratas y disminuirlos para los republicanos, eliminando las lagunas existentes, y mayores derechos sociales, en materia de pensiones, asistencia médica para los mayores y los pobres.
La respuesta es que ‘sí, se puede’, a pesar de lo complejo que es manejar a un país tan extenso y poblado, con tantos intereses políticos contradictorios representados en los dos partidos políticos.
Para ello, el Gobierno tendrá que llegar a acuerdos con los republicanos, pues su legado depende de ellos. Esos acuerdos deben hacerse rápido, porque va a perder influencia si se retrazan, ya que el próximo año la atención de Washington estará en las elecciones de mitad de periodo.
No hay que olvidar que Obama es una persona pragmática que considera que ha recibido un fuerte mandato para el cambio, y que gobernar no debe basarse en orientaciones ideológicas, sino en competencia y eficacia, lo que, en su concepto, implica trabajar para resolver las necesidades, los sueños y las esperanzas de la gente del común.
Manuel José Cárdenas
Consultor internacional
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