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Regreso a un país fracturado y enfrentado

Los partidos dejaron de ser canales institucionales y se convirtieron en feudos de pequeños intereses electoreros para perpetuarse en sus cargos.

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La fractura del país actualmente, recuerda los años 40 y 50, cuando el enfrentamiento entre liberales y conservadores llevó a una violencia desgarradora que facilitó el ascenso de la dictadura del general Rojas Pinilla, con todas sus funestas consecuencias, cuyos rezagos de corrupción aún sufrimos.
Esta dolorosa experiencia trajo también como epílogo el surgimiento de una nueva época, a través del pacto de Benidorm en 1956 entre Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, en que se acordó iniciar las negociaciones para definir el manejo del poder y la administración del Estado, el cual sirvió de base para el pacto de Sitges o Pacto Nacional, que tuvo los mismos protagonistas en representación de los partidos Liberal y
Conservador, los grandes actores de la política colombiana en esa época y, por tanto, los responsables de la crisis y la violencia política. Fue firmado en 1957, y en él se establecieron las reglas para el Frente Nacional y se acordó la realización de un plebiscito que ratificara democráticamente los acuerdos, y así las reformas a la Constitución de 1886.
Alguna similitud tiene con nuestra realidad actual, en cuanto que fue un acuerdo para terminar con la violencia, pero a diferencia de la esta coyuntura, el país estaba divido prácticamente a la mitad y no era una minoría de siete o diez mil alzados en armas que estaba poniendo en jaque a un país de 48 millones de habitantes. La segunda semejanza se da con respecto al mecanismo de refrendación utilizado, la diferencia fue que en esa ocasión el cuestionario fue aprobado por amplísima mayoría, y en la actual la única pregunta fue negada.
También hay similitudes y diferencias en las situaciones anterior y posterior a ese gran pacto. Entonces, en aquellos oscuros años, el país estaba en niveles muy altos y preocupantes de polarización y enfrentamiento, que fueron superados con el acuerdo y su amplia aceptación; hoy, con anterioridad y posterioridad al reciente acuerdo y plebiscito, el ambiente continúa demasiado tenso y el país partido definitivamente a la mitad, la población atemorizada por los graves efectos de la crisis actual, que afecta desde la economía hasta las familias, con altos niveles de agresividad, que han traído situaciones tan delicadas como familias y grupos cercanos inmersos en enconadas disputas.
Pero ayer tuvimos líderes que sometieron sus ambiciones personales y egos al interés de la nación, por eso trascendieron y el país salió de una profunda crisis, con los pros y los contras del Frente Nacional, y a pesar de todas las críticas de que ha sido objeto, cumplió su objetivo. Hoy, el entorno nacional e internacional es supremamente diferente y los actores también han cambiado radicalmente: los partidos dejaron de ser canales institucionales y se convirtieron en feudos de pequeños intereses electoreros para perpetuarse en sus cargos, a través de contratos y prebendas
No se ve un punto de inflexión, se perdió una oportunidad de reconciliar al país, sin imposiciones y con diálogo constructivo y ánimo de concertación. ¿Hacia dónde caminamos? Todo es incierto. ¿En qué desembocará el desconocimiento de los principios democráticos, el irrespeto a sus instituciones, la pérdida de autonomía de los poderes públicos y de los medios de comunicación e información, hipotecados a sus propios intereses y a su afán de enriquecimiento? ¿No habrá líderes que recojan la experiencia de aquellos años y practiquen la grandeza de esos patriotas?
María Sol Navia V.
Exministra de Trabajo
msol.navia@gmail.com
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