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Resistencia civil: ¿contra qué?

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Ante el llamado a la resistencia civil que está promoviendo el uribismo, cuando se anuncia que pueden terminar pronto las negociaciones en la Habana y firmarse un histórico acuerdo con la guerrilla, cabe preguntarse por los motivos y objetivos de esta estrategia. ¿Es un movimiento de resistencia contra qué, o contra quiénes?
Al analizar los argumentos esgrimidos por los promotores de esa resistencia se encuentran mentiras flagrantes, verdades a medias y contradicciones, que, además, ocultan los verdaderos motivos para querer sabotear el proceso de paz.
Las mentiras serían casi risibles si no fuera porque, siguiendo la más pura táctica hitleriana, a fuerza de repetirlas, ya ha logrado que un buen número de colombianos las acepte como ciertas. Que se está entregando el país a las Farc; que la guerrilla va a poder cambiar la Constitución; que en la Habana se está negociando el modelo económico; que se va a acabar la propiedad privada y a expropiar la tierra a los agricultores, y que es una humillación para las Fuerzas Armadas porque las iguala con el terrorismo.
La resistencia civil exige la renuncia de Santos porque disque está entregando el país a la guerrilla y convirtiéndolo en otra Venezuela. Es delirante pensar que un presidente como Santos, tan liberal en lo político como neoliberal en lo económico, piense acabar con la democracia o cambiar el sistema capitalista del país.
Afirmar que se les va a dar total impunidad a los guerrilleros o que se les va a permitir la llegada al Congreso, son verdades a medias, que, además, muestran el oportunismo y las contradicciones del expresidente del todo vale. Acabar con el conflicto armado y cambiar las balas por votos sí implica aceptar una dosis de impunidad de la guerrilla, y así ha sido en todos los procesos de paz negociados en el mundo.
Pero es contradictorio que sea el expresidente de los falsos positivos el que se opone a estos acuerdos, cuando fue mayor la impunidad que él ofreció a los paramilitares; mayor la impunidad que busca para sus funcionarios y amigos a quienes les ayuda a escapar de la justicia buscando asilo en otros países, y mayor la impunidad que, como Senador, en los años 90 promovió para el M-19. No quiere que exguerrilleros lleguen al Congreso, pero sí incluyó en la bancada parlamentaria del Centro Democrático a Everth Bustamente, quien participó en las actividades delictivas del M-19.
Sería ideal lograr la paz sin nada de impunidad para los combatientes. Pero plantear una paz que no es viable porque exige condiciones que suponen la rendición incondicional del adversario, es lo mismo que decir que se quiere seguir con la guerra hasta que por la fuerza se le impongan esas condiciones. La resistencia civil es en realidad una resistencia contra la paz: su objetivo no confesado es sabotear el proceso de paz para que no acabe la guerra, para que siga la confrontación armada hasta lograr la derrota militar de la guerrilla, a pesar de que no ha sido posible hacerlo en 50 años.
El otro objetivo implícito de la resistencia es mantener la vigencia política del uribismo. Asustar con el fantasma del castro-chavismo le produjo en el pasado buenos resultados políticos al expresidente mentiroso –como bien lo calificó César Gaviria–, pero no podrá seguir asustando colombianos ahora que ‘Raúl Castro’ y Obama se abrazaron y el chavismo está en crisis. Si además desaparece la amenaza de “la far”, no habrá fantasmas para seguir polarizando a la opinión pública y se marchitará el caudillismo mesiánico.
Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com
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