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Los dioses deben estar locos

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Los dioses del mercado libre, eficiente y racional deben estar locos. Por lo menos los del mercado cambiario, porque lo que están haciendo con el precio del dólar es contrario a todos sus credos y preceptos.
Después de alcanzar un máximo de 2.050 pesos a principios del año, la tasa de cambio se ha desplomado a 1.850 pesos, y hoy está en nivel similar al que tenía en mayo del 2013, cuando EE. UU.anunció la reducción de su enorme emisión de dólares y produjo una devaluación de la mayoría de monedas del mundo.
En otros países de la región, con buenos indicadores macroeconómicos, la tendencia ha sido muy diferente. Por ejemplo, en el mismo periodo, el peso chileno se ha devaluado 16 por ciento, el real brasileño 10 por ciento, el peso mexicano y el sol peruano 6 por ciento; en otras latitudes, Turquía también ha devaluado su moneda en 16 por ciento.
La explicación a lo que pasa en Colombia parece ser clara: uno de los grandes sacerdotes del mercado (JP Morgan) ha mandado una señal de mejorar su confianza en el país y a los inversionistas extranjeros les han bajado los impuestos, de manera que están llegando muchos capitales golondrina para hacer inversiones de corto plazo.
En efecto, hasta junio han entrado 6.265 millones de dólares de ‘inversiones de portafolio’, que es cuatro veces la suma que entró en el 2012, y 3.500 millones de dólares más que en 2013. Entonces, los dioses estarían muy cuerdos y el mercado parece ser racional, pues con esa abundancia de dólares el precio tiene que caer.
Sin embargo, se supone que los dioses del mercado también anticipan el futuro y actúan con base en expectativas racionales y no solo por las tendencias de corto plazo. Y las perspectivas hacia el futuro muestran una relativa escasez de dólares que podría, incluso, inducir una abrupta devaluación del peso.
A pesar de la bonanza petrolera y minera, las importaciones de bienes ya valen más que las exportaciones y por primera vez en muchos años, el comercio exterior de Colombia arrojó un saldo negativo de 250 millones de dólares en el primer trimestre de este año.
La cuenta corriente de la Balanza de Pagos está en déficit desde hace más de una década y, lo que es más preocupante, este déficit es creciente. En el 2012 fue de 3,1 por ciento del PIB, en el 2013 subió a 3,4 por ciento y, hasta marzo del 2014, llegó a 4,6 por ciento, por encima de la proyección más pesimista del Banco de la República. Si continúan estas tendencias, Anif estima que para el 2020 este déficit puede llegar a 5,5 por ciento del PIB.
Este déficit se ha financiado con ingresos de capital y, como consecuencia, los pasivos externos del país (netos de activos internacionales) han llegado a 110.000 millones de dóalres, que es casi cuatro veces el monto de pasivos de hace una década. Por supuesto, estos pasivos no son gratis, sino que generan pagos al exterior –por intereses y dividendos– que cada vez son mayores.
Si los fundamentales de la economía apuntan a una mayor demanda de dólares y por consiguiente a la devaluación, ¿por qué siguen entrando ahora dólares? ¿Será que los dioses del mercado saben algo que los mortales ignoramos, o solo piensan que cuando cambien los vientos podrán actuar rápido y sacar los dólares antes de la devaluación?
En todo caso, lo que nos espera es una gran volatilidad de la tasa de cambio por la mayor vulnerabilidad externa de la economía.
 
Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com
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