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Operación dragón

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Esta semana estalló un conflicto que venía cocinándose desde hace meses en la popular zona de San Victorino en Bogotá. Los comerciantes del sector se quejan por la creciente competencia de empresarios chinos que han llegado a alborotar el mercado, pagando altas primas por sus locales y cobrando bajos precios por sus productos.
A primera vista, el reclamo parece razonable. El pago de locales con primas de hasta 300 por ciento sobre su precio nominal luce escandaloso, así como los precios excesivamente bajos de las mercancías chinas.
La consigna de los comerciantes locales se resume en una frase: hay que sacar a unos chinos que están desplazando al empleo nacional. Sin embargo, antes de marchar detrás de esas banderas, hay varias cuestiones para analizar. La primera es la más obvia: la queja de los comerciantes tradicionales sobre el origen de las mercancías de los chinos se parece al cuento del burro hablando de orejas.
En el sector de San Victorino se han comercializado desde hace décadas productos chinos a precios inverosímilmente bajos, en especial en los rubros de calzado y confecciones. Quienes conocen cómo ha operado históricamente el sector afirman que detrás de varios de los modestos locales hay prósperos empresarios que viajan periódicamente a China a traer voluminosos contenedores con mercancías. Por eso, da risa que a los empresarios tradicionales de San Victorino les parezca muy buena la venta de productos chinos cuando la hacen ellos, pero muy mala cuando la hacen otros.
Pero la discusión tiene otros matices. Un comerciante tradicional entrevistado este jueves por este diario hizo una afirmación que sugiere otros problemas: “por ser ciudadanos chinos, desde su país les traen mercancías con bajos aranceles y en Colombia reciben beneficios adicionales por comercializar”. Aunque la frase no soporta un análisis riguroso, da pistas interesantes para especular. Convengamos que los aranceles de un mismo producto no varían dependiendo de si lo importa un chino o un colombiano, de modo que en ese campo no habría competencia desigual. Lo que si puede suceder es que esas importaciones estén llegando subfacturadas o a precios por debajo de sus costos de producción. Pero la afirmación más llamativa es que “en Colombia reciben beneficios adicionales por comercializar”. ¿Estamos hablando de lavado de dinero? Vaya uno a saber…
Con tantas preguntas sobre la mesa, lo único claro es que los empresarios chinos están pagando altos precios para hacerse a unos locales en un sector comercial muy rentable de la ciudad, donde tradicionalmente ha habido indicios de contrabando, subfacturación y lavado de dinero. Corresponde a las autoridades garantizar que no se presente ninguna de estas prácticas por parte de ningún comerciante, independientemente de que sea chino o colombiano. Cualquier otra cosa es pura xenofobia.
Remato con un dato que ayuda a poner en contexto esta discusión: según este mismo diario, el lunes pasado la Alcaldía menor de Santa Fe inspeccionó la documentación de comerciantes chinos y colombianos de la zona, y ninguno cumplía la reglamentación requerida para operar. Ahí les dejo la inquietud.
Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo
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