Por estos días, se celebran 20 años de la creación del Ministerio de Comercio Exterior (actual Ministerio de Comercio, Industria y Turismo), que arrancó en medio de la llamada Apertura Económica y ha sido la punta de lanza de la internacionalización de la economía colombiana.
Esta conmemoración es una oportunidad para hacer un balance de algunos de los aspectos más importantes de ese proceso.
Conviene empezar por señalar que la economía colombiana sobrevivió al proceso de apertura.
Aunque esa aclaración pueda sonar obvia, hay que recordar el entorno de escepticismo y hostilidad en que se dio el mismo. Muchos observadores advirtieron que el país se iba a acabar con la apertura comercial iniciada por el Gobierno del expresidente Barco y redondeada por el del expresidente Gaviria.
Incluso, algunos creen que la carrera política de César Gaviria quedó herida de muerte a raíz de la mala fama de la apertura. Pues bien, la economía colombiana no solo sobrevivió, sino que hoy está vivita y coleando como una de las más promisorias de América Latina.
Esa realidad nos lleva a la segunda reflexión: los países de la región que han optado por integrarse a la economía mundial, como el nuestro, son los que mejores perspectivas económicas tienen. Chile, Perú y Colombia han tenido un desarrollo mucho más estable y acelerado que los trancazos y bandazos que han tenido economías como la venezolana o ecuatoriana.
Incluso Brasil y Argentina, que hasta hace poco tenían un desempeño económico de mostrar, hoy pagan los platos rotos de una heterodoxia macroeconómica y comercial, y sufren de una inmensa desaceleración, el primero, y de un inefable desorden macroeconómico, el segundo.
La tercera reflexión es un llamado de atención. Aunque nos hemos ubicado en el grupo del vecindario que mejor puede aprovechar las oportunidades que ofrece la economía mundial, tenemos un largo camino por recorrer para lograrlo.
Y es que, a pesar de las reducciones arancelarias y la negociación de acuerdos comerciales, Colombia todavía está bastante rezagada en la región, en lo referente a indicadores como las exportaciones por habitante.
Esta circunstancia se deriva de tres factores. Por un lado, la apertura comercial de algunos sectores, como el agropecuario y el automotor, se quedó a mitad de camino y hoy erosiona la competitividad de muchos otros renglones de la economía.
De otra parte, el país no ha generado aún una oferta exportable sólida y diversificada, en gran medida porque subsisten diferentes obstáculos a la competitividad y porque muchos empresarios han preferido resguardarse en un mercado interno que será cada vez más competido. Adicionalmente, es un hecho que la gran apreciación que ha tenido el peso en los últimos años ha afectado la competitividad de nuestras exportaciones.
La solución de esos tres problemas constituye una buena agenda de trabajo para empezar con pie derecho los próximos 20 años.
Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo