Con la entrada en vigor del TLC, se ha iniciado una profunda transformación de la economía colombiana.
Aunque es imposible predecir todos los componentes de ese cambio, hay uno que es seguro: habrá un éxodo de las empresas más productivas del centro del país hacia las costas.
El fundamento de esa afirmación es simple.
La economía colombiana ha sido una de las más cerradas de América Latina, lo que significa que su aparato productivo se ha orientado principalmente a abastecer el mercado interno. Por eso, buena parte de la industria nacional se ubicó históricamente en ciudades mediterráneas, como Bogotá, Medellín o Cali.
Pese a ello, como los TLC al fin nos están obligando a volcarnos hacia el mundo, la ubicación actual de muchas industrias ahora es poco competitiva.
La realidad confirma ese argumento.
Las exportaciones por habitante de Colombia equivalen a menos de la cuarta parte de las chilenas, la tercera parte de las mexicanas y la mitad de las de Costa Rica, lo que significa que todo está por hacer en materia de ventas externas. Pero, para hacerlo hay que bajar costos, y uno de los que más aqueja a las industrias del interior es el transporte terrestre.
Una comparación da una idea de la situación: llevar un contenedor desde Bogotá hasta Barranquilla es tres veces más costoso que transportarlo desde ahí hasta Hong Kong. ¡Cuesta el triple sacarlo a la costa que llevarlo al otro lado del mundo!
Alguno dirá que es cuestión de esperar a que estén listos los corredores del TLC que ha anunciado el gobierno, y que deberán conectar el centro del país con las costas. Aunque el ministro de Transporte y su equipo han hecho una importante labor en el propósito de organizar un sector que estaba lleno de corrupción y desorden, la solución está distante.
Según la Cámara Colombiana de la Infraestructura, la conexión vial del centro con el Pacífico solo estará lista en 2015, mientras que con el Caribe la cosa tomaría aún más tiempo: hasta 2018.
Incluso si se cumplieran esos plazos, cosa improbable en Colombia, cinco años son una eternidad para empresas que encaran un entorno cada vez más competitivo. La situación es tan crítica, que la transformación ya está en proceso. En los últimos años, regiones mediterráneas, como Bogotá-Cundinamarca, han perdido terreno en las exportaciones del país.
Paralelamente, la inversión empresarial se ha dinamizado notablemente en departamentos como Atlántico y Bolívar.
Si las ciudades y departamentos del interior no diseñan una estrategia para enfrentar esa realidad (como sucede lamentablemente en el caso de Bogotá, en cuyo Plan de Desarrollo el TLC prácticamente no existe) verán partir las industrias más productivas, lo que al cabo de unos años configurará un cinturón empresarial moderno en las costas y unos vestigios del siglo pasado en el interior.
Mauricio Reina
Investigador asociado de Fedesarrollo