Colombia se ha convertido en un lugar muy atractivo para invertir: en menos de una década, la inversión duplicó su participación en el PIB. Detrás de ese desempeño no solo ha habido empresarios nacionales, sino también foráneos.
Mientras en el primer semestre de este año la inversión extranjera en el mundo cayó 8 por ciento, los flujos hacia Colombia aumentaron 16 por ciento.
Aunque la mayoría de esos recursos van al sector de minas e hidrocarburos, el país podría cerrar 2012 con 3.000 millones de dólares de inversión foránea en otros sectores, lo que no es una chichigua.
Esa bonanza inversionista ha sido el resultado de una oleada de confianza en la economía colombiana, que ha venido creciendo en los últimos años.
Los avances en seguridad son la base sobre la que se han acumulado otros elementos: los altos precios de las exportaciones tradicionales, el buen crecimiento económico, un modelo amigable con la iniciativa privada y una política macroeconómica idónea.
Ahora algunos se preguntan si el descalabro de InterBolsa ha erosionado la confianza en la economía colombiana. En principio no, por dos motivos.
Los problemas no se dieron en varias firmas comisionistas de Bolsa, sino en una sola, y aunque haya sido la más grande, sus pecados no reflejan prácticas generalizadas.
Además, la reacción de las autoridades cuando estalló la crisis evitó un problema mayor en todo el sistema financiero.
Sin embargo, eso no es suficiente. Para que los inversionistas mantengan su confianza en el país en el futuro inmediato se necesita que no se repita esta clase de episodios, y para ello se requiere un rápido ajuste de la regulación para tapar los huecos que se han evidenciado.
Es apremiante corregir la normatividad en cuestiones clave como los ‘repos’, la posición propia y el rol del autorregulador del mercado de valores.
Pero el descalabro de InterBolsa también deja reflexiones sobre la confianza en la economía colombiana en el largo plazo.
Este episodio demuestra que la plata fácil no conduce a una prosperidad estable, una lección que no solo deben aprender los yuppies, sino todo el país, tan embriagado por el auge económico que ha olvidado que una cosa es recibir una lluvia de dinero durante unos años y otra sembrar un crecimiento estable para cuando se nos acabe la bonanza energética.
Si tenemos en cuenta lo que durarán las reservas petroleras actuales, en unos diez años estaremos como los de InterBolsa: añorando la prosperidad perdida y llorando con las manos vacías.
Para creer en la solidez de la economía colombiana en el largo plazo, hay que construir infraestructura, fortalecer el capital humano, mejorar la distribución del ingreso y derrotar la corrupción, y todo eso requiere mucho más trabajo que reformar unas normas del mercado bursátil.
Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo