En días pasados se conocieron dos datos reveladores sobre el desempeño económico de Bogotá.
Los números muestran que la capital de la República está frenando el crecimiento nacional y no está respondiendo a los retos de la modernización productiva.
El primero está relacionado con el mal comportamiento de la economía colombiana en el tercer trimestre del 2012, cuando solo creció 2,1 por ciento frente al mismo periodo del año anterior.
Las principales causas de la caída fueron una desaceleración de la minería, generada principalmente por el impacto de la huelga de Fenoco en la producción de carbón, y una fuerte caída de, alrededor del 12 por ciento, de la construcción. Bogotá jugó un rol central en este último dato.
Según el censo de edificaciones del Dane, la iniciación de obras en la capital cayó la bobadita de 27,4 por ciento.
El segundo dato llamativo tiene que ver con el desempeño de la industria en ese mismo tercer trimestre.
Aunque es conocido el mal momento que atraviesa el sector manufacturero, lo interesante es que, al analizar el desempeño por regiones, los resultados son heterogéneos.
Mientras la industria cayó 1,3 por ciento en Cali y sus municipios circundantes, y 0,2 por ciento en los Santanderes, en Medellín creció casi 10 por ciento, y 2 por ciento en Barranquilla, Santa Marta y Cartagena. ¿Y Bogotá? De nuevo la mala del paseo, con una caída de 4,9 por ciento.
Las causas de ese mal desempeño de la economía bogotana son, a la vez, coyunturales y estructurales.
Para nadie es un secreto que los anuncios de la actual administración distrital sobre el manejo del suelo urbano y la disponibilidad de agua han entorpecido el avance de proyectos de construcción en curso y paralizado el desarrollo de muchas nuevas obras.
También se sabe que en la agenda del Alcalde no ocupan un lugar prioritario temas como la competitividad de la industria o el desarrollo de una estrategia para encarar los tratados de libre comercio.
Pero el problema trasciende el peculiar enfoque de la actual administración.
Mientras otras regiones del país han empezado a desarrollar estrategias para encarar el reto de la modernización y la internacionalización de la economía, la capital no ha hecho mucho al respecto.
Casos como el de Barranquilla y el de Medellín muestran la importancia de alinear los intereses públicos y privados para avanzar en el desarrollo económico como un propósito de largo plazo.
Entre tanto, Bogotá lleva tres administraciones perdidas en la construcción de un entorno propicio para la competitividad y los negocios, lo que explica que muchas empresas importantes estén migrando hacia otras zonas del país.
Esta es una mala noticia para la nación, teniendo en cuenta que la economía bogotana representa alrededor de la cuarta parte del PIB nacional, pero peor aún para los bogotanos, que en este siglo parecen condenados a marchitarse entre improvisación, corrupción y frailejones.
Mauricio Reina
Investigador asociado de Fedesarrollo