Ayer la economía internacional volvió a hundirse en el temor. Las principales bolsas del mundo volvieron a caer, arrastrando los ahorros de millones de personas y el escaso optimismo que queda entre los analistas.
Entre tanto, la gente en Colombia ya se pregunta: ¿cuál es el origen de esta crisis? ¿Estamos ante una nueva recesión global?
Las preocupaciones sobre la economía mundial tienen tres causas: Estados Unidos, Europa y China. Empecemos por la precaria perspectiva de crecimiento de Estados Unidos.
En el primer semestre de este año la economía estadounidense no creció ni siquiera 1 por ciento, y no hay indicios de que las cosas puedan mejorar en los próximos meses. El gasto público, principal fuente de crecimiento del pasado reciente, está en franca retirada.
Al Gobierno estadounidense se le está acabando la gasolina fiscal que usó en la crisis del 2008, y las disputas políticas de Washington no permiten hacer un uso inteligente de la que queda. Mientras tanto, los consumidores están paralizados por el deterioro de sus ingresos y sus activos: el desempleo se estancó en 9 por ciento hace tres años y los precios de las viviendas siguen por el suelo.
La segunda fuente de incertidumbre es la crisis de la Unión Europea. Las amenazas que se ciernen sobre el euro no ceden y la desaceleración económica es cada vez mayor.
Los intentos de Nicolas Sarkozy y Angela Merkel de tranquilizar a los mercados no borran una terrible realidad: las dudas sobre la sostenibilidad financiera de los gobiernos de Grecia, Portugal e Irlanda están intactas, a pesar de toda la plata que se les ha inyectado.
Como si eso fuera poco, Alemania y Francia, que son el salvavidas de la región, se hundieron en el segundo trimestre de este año. ¿El resultado? Tras un primer trimestre promisorio, la Zona Euro creció menos de 1 por ciento en el segundo trimestre.
Ante el deterioro de Estados Unidos y la Zona Euro, ¿quién podrá ayudarnos? En la crisis del 2008 el gran salvador fue China, que con políticas expansivas logró compensar parcialmente la caída de los demás motores de la economía mundial. Ahora la situación es distinta: la mayor preocupación de las autoridades chinas es enfriar su economía para luchar contra una inflación en ascenso.
Por eso, si bien por el momento China sigue creciendo a buen ritmo, la magnitud del frenazo dependerá de cómo evolucionen sus precios.
Ante ese panorama, hay cuatro cosas claras. Las bolsas internacionales seguirán subiendo y bajando como un yo-yo, por lo menos hasta el final del año. La desaceleración mundial está garantizada, como lo muestra el ajuste de proyecciones globales que hizo ayer Morgan Stanley.
La probabilidad de una recesión mundial aún es baja, pero crece rápidamente. Y mientras tanto, las olas de la crisis ya llegan a Colombia, como lo muestran las encuestas más recientes de Fedesarrollo que ubican la zozobra internacional como la primera preocupación de los inversionistas.
Bienvenidos a la nueva realidad.