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A mirarnos el ombligo

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La entrada en vigor del TLC con la Unión Europea ha generado confusión entre la gente, que a estas alturas no sabe si celebrar o no. Y es que veníamos con la idea de que los acuerdos de libre comercio eran buenos para el país, cuando de repente el Gobierno anunció que no empezará a negociar ni uno más.
Ahora abundan las preguntas. ¿Al fin la economía colombiana seguirá con su proceso de internacionalización? Si a alguien le parece excesiva la duda, recordemos que el presidente Santos dijo en la instalación del Congreso que “ahora debemos volver a mirarnos el ombligo”.
¿Estamos, entonces, ante el inicio de una nueva etapa de las relaciones internacionales del país, o ante una desafortunada ida de lengua para calmar a unos sectores que multiplican sus quejas en medio de la polarización política?
Prefiero pensar que es lo segundo. Si el Presidente de veras cree que tenemos que volver a mirarnos el ombligo, apague y vámonos.
Con esa directriz se estarían sacrificando iniciativas fundamentales impulsadas por el mismo Gobierno como la profundización de la inserción internacional de la economía, la promisoria Alianza del Pacífico, nuestro nuevo posicionamiento en América Latina y hasta la posibilidad de ingresar a la Ocde. El reverzaso sería de tal magnitud, que mejor supongamos que lo del ombligo es simple retórica preelectoral.
Pero como muchos en serio creen que ha llegado la hora de devolver el péndulo de la apertura comercial, conviene recordar cuatro cosas. La primera es que una economía del tamaño de la colombiana requiere de los mercados externos para crecer sostenidamente.
Michael Spence, premio nobel de economía, ha mostrado en su libro The next convergence que los países que lograron crecer de manera sostenida durante las últimas décadas han estado integrados a la economía mundial.
La segunda es que una internacionalización bien manejada trae beneficios para todos. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo ha revelado que 40 de los 45 países que más aumentaron su Índice de Desarrollo Humano entre 1990 y 2012 han estado estrechamente vinculados al mercado global.
En tercer lugar hay que decir que a las economías latinoamericanas también les convienen los acuerdos comerciales.
Chile tiene más del doble de los TLC que tiene Colombia, y no le ha ido mal: nos duplica en ingreso por habitante y tiene cuatro puntos menos de desempleo que nosotros.
Finalmente, una mayor conexión con el mercado internacional no riñe con la construcción de una política de desarrollo productivo que mejore la competitividad de la economía. Las políticas industriales modernas no pasan por el proteccionismo.
Ojalá la coyuntura preelectoral no siga alborotando la idea de usar la política comercial para favorecer sectores que no son los más promisorios ni los que más ayuda necesitan, sino los que más vociferan. Lo malo de volver a mirarse el ombligo es que existe el riesgo de que uno se vuelva a encontrar con la misma mugre del pasado.
Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo
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