El Gobierno de Juan Manuel Santos ha redondeado una triple moñona en el campo económico. Primero concluyó una exitosa labor legislativa, con la Ley de Sostenibilidad Fiscal, la Regla Fiscal y la reforma al Régimen de Regalías. Después recibió la calificación de grado de inversión a la deuda pública por parte de Fitch Ratings, que se suma a movimientos similares que ya habían hecho Moody’s y Standard and Poor’s.
Y para redondear, la economía colombiana creció 5,1% en el primer trimestre del año, cifra superior a la que estimaba la mayoría de los analistas.
La importancia de estos logros no se puede soslayar. Desde hace años los expertos venían señalando la necesidad de reformar las regalías para lograr mayor equidad en los beneficios regionales y ahorrar parte de la bonanza minero-energética, pero esos llamados terminaban diluyéndose en la falta de voluntad política.
Lo mismo sucedía con la Regla Fiscal, un instrumento clave para el manejo de la bonanza minero-energética, que también encaraba múltiples obstáculos. Entre tanto, las autoridades constitucionales determinarán el alcance de la Ley de Sostenibilidad Fiscal, cuando deban decidir si el haber bajado la sostenibilidad de ‘principio’ a ‘criterio’ le restó su efectividad para controlar el gasto público que alegremente suelen ordenar los poderes legislativo y judicial.
Todos estos logros contribuirán a mantener la estabilidad macroeconómica del país en medio del auge minero-energético. La mejor prueba es que los analistas más exigentes así lo han reconocido.
De hecho, parte de la motivación de las calificadoras de riesgo para elevar la nota de la deuda colombiana al grado de inversión se basó en el panorama macroeconómico que se deriva de esos triunfos legislativos.
De esta manera, hoy en día Colombia reúne tres condiciones que no es fácil encontrar juntas en otros países de la región: estabilidad política, solidez macroeconómica y oportunidades de negocios (derivadas de los negocios que hemos dejado de hacer durante varios años).
Algunos vecinos tienen una o dos de esas condiciones, pero no las tres. Tal vez sólo Brasil se equipare con Colombia al reunirlas todas, en momentos en que Perú sigue entre signos de interrogación y los nuevos negocios escasean en Chile.
¿Esto significa que Colombia saldrá disparada hacia el desarrollo, jalonada por cuantiosas inversiones extranjeras que verán en el país una plataforma productiva regional? No tan rápido...
Las inversiones foráneas seguirán llegando principalmente al sector minero-energético, y marginalmente a comprar tajadas de mercado doméstico en otros sectores, en un país que sigue aislado del comercio mundial y que conserva grandes deficiencias estructurales.
Hay apremiantes necesidades en educación, infraestructura, empleo, distribución del ingreso, reforma pensional y eliminación de los sesgos proteccionistas que atentan contra las exportaciones.
Todas ellas constituyen una exigente agenda para un equipo económico que ha demostrado ser idóneo y capaz, pero al que ya casi le queda un año menos de trabajo.