La manera como el Senado de la República le sacó el cuerpo esta semana a la votación del proyecto de reforma a las regalías produce preocupación. Es alarmante ver a la famosa Unidad Nacional vulnerada por viejas marrullas parlamentarias, como la ruptura del quórum para frenar una iniciativa legislativa.
Pero más allá de la confirmación de que la solidez de las alianzas políticas es inversamente proporcional a la voracidad de los involucrados, lo que resulta de veras preocupante es que el Congreso no entienda la urgencia de esta reforma a las regalías. El paso de tortuga que quieren imponer algunos parlamentarios contrasta con una realidad apremiante: por tratarse de una reforma a la Constitución, esta iniciativa debe tener ocho debates en el Congreso y la situación macroeconómica no da espera.
Alguno dirá que es raro que mencione la situación macroeconómica, cuando las discusiones sobre la reforma a las regalías se han concentrado en otros temas. En estos días hemos oído a quienes afirman que el Gobierno Central está robando a los departamentos y municipios despilfarradores, y también a quienes dicen que los alcaldes y gobernadores no van a quedar sirviendo para nada después de la reforma. (Qué interesante: el despilfarro de regalías que se ha dado en varios departamentos y municipios evidencia que hay muchos alcaldes y gobernadores que no sirven para nada, con reforma o sin reforma...).
Lo que casi no se ha dicho es que la reforma a las regalías contribuiría a neutralizar los costos de una bonanza minero-energética. No hay que olvidar que esta iniciativa establece la creación de un fondo de ahorro que, junto al que prevé el proyecto de regla fiscal radicado en el Congreso, permitiría mantener en el exterior parte de los recursos excedentes del auge exportador minero-energético, moderando así la revaluación del peso y sus estragos sobre el resto de la economía.
No faltarán quienes digan que el auge minero-energético aún está distante y que los estragos de la revaluación sobre el resto de la economía son apenas una hipótesis. ¿Hipótesis? Parece que no leyeran los periódicos... El dólar no ha podido sobreaguar por encima de los 1.800 pesos (ayer incluso cerró bajo los 1.790 pesos), lo que ha contribuido a que el sector externo ya se haya convertido en un freno (y no una locomotora) para el crecimiento.
Conviene recordar que en el segundo trimestre de este año el sector externo restó al crecimiento del PIB, en lugar se sumar. Aunque la revaluación obedece en parte a la entrada de capitales de corto plazo, inducida por la situación económica mundial, y al endeudamiento del sector público, es innegable que el auge del sector minero-energético ha jugado un papel central en la abundancia de divisas. Las exportaciones de minas e hidrocarburos se han triplicado en los últimos ocho años, y hoy representan casi 60 por ciento de las ventas externas totales del país. Además la inversión extranjera a esos dos sectores se quintuplicó en el mismo periodo, y hoy constituye más de dos tercios de la inversión foránea que llega al país.
Por eso todos los que se sientan afectados por la revaluación deberían pedirles a los Honorables Parlamentarios que hagan rápido la tarea, a ver si algún día podemos contar con un nuevo régimen de regalías y una regla fiscal.