De antemano pido excusas por el abuso de la primera persona en este texto, pero se trata de un acto de cortesía con el doctor Gabriel Rosas y con los lectores. Ayer el doctor Rosas tuvo la deferencia de mencionarme en su columna, afirmando que estoy ciego y que soy un obstinado. Sería un acto de mala educación ignorar sus planteamientos y dejar a los lectores en ascuas ante semejantes señalamientos.
Por eso procedo a responder.
El doctor Rosas dice que estoy ciego y soy obstinado, porque según él no acepto argumentos ajenos sobre el sector agrícola.
Ante esa afirmación, debo aclarar que no sólo veo sino que además oigo, especialmente los argumentos ajenos para poder analizarlos.
Lo primero que veo es el fracaso de la política agrícola colombiana, que ha malgastado cuantiosos recursos públicos con resultados pobrísimos.
Veo que en los últimos ocho años el presupuesto público para el agro se triplicó en términos reales, y que a pesar de eso el sector apenas creció la mitad de lo que se expandió la economía colombiana.
Veo que ese descalabro no es un destino inevitable para países como el nuestro. De hecho, Colombia es una excepción en la región.
El dinamismo del valor agregado del agro colombiano ha sido muy inferior al promedio de América Latina en los últimos 25 años. De otro lado, la evolución de nuestras exportaciones agrícolas en la última década ha sido lamentable comparada con la de Perú, Brasil y Chile, países que han reducido su protección y promovido sus exportaciones mientras Colombia ha hecho lo contrario.
Oigo argumentos de lado y lado. Oigo a quienes dicen que el modelo proteccionista colombiano es bueno, a pesar de los malos resultados que ha tenido.
He oído durante años planteamientos como el que hizo ayer el doctor Rosas, que afirman que Colombia no puede promover nuevas exportaciones agrícolas porque el mercado mundial está distorsionado, sin aclarar que el grueso de esas distorsiones se concentra en un puñado de productos en los que no tenemos ventaja comparativa y que abarcan los que el Gobierno protege.
También oí durante años a quienes decían que la imposibilidad de promover nuevas exportaciones afectaba a toda América Latina, pero no los he vuelto a oír hablar tras el éxito de países como Perú, Chile y Brasil.
Veo, oigo y analizo. El mercado agrícola internacional tiene muchos segmentos libres de distorsiones que tienen un gran dinamismo. En varios de ellos Colombia tiene posibilidades de exportación que las autoridades se han negado a explorar, mientras países vecinos los han aprovechado para dinamizar su agricultura y convertirla en motor de desarrollo.
Entre tanto, nuestro modelo proteccionista sólo beneficia a unos privilegiados y condena al sector agrícola a la infame parálisis que muestran las cifras. El que quiera ver, que vea...