La capital del Valle del Cauca después de haber sido ejemplo de civismo y progreso, desde hace algún tiempo viene produciendo desconsuelo por el atraso relativo que registra frente a otras ciudades del país que, por el contrario, han cambiado de manera significativa su comportamiento y muestran un progreso sostenido.
La preocupación con la ciudad se acrecienta cuando suceden cosas como la ocurrida en la semana que termina con los candidatos Guerrero y Correa, que ven sus aspiraciones en vilo por cuenta de una insólita determinación de la autoridad electoral.
Ojalá los responsables del tema entiendan el atropello que significaría para la ciudad la descalificación de estos dos candidatos, reversen tan inconveniente medida y permitan continuar con el proceso electoral, que, muy posiblemente llevará a elegir a Rodrigo Guerrero como el nuevo alcalde.
Con esto la Cali estaría tomando una acertada decisión, pues es la persona más capacitada para consolidar la recuperación de la ciudad. Ahora bien, no es menos cierto que el alcalde Ospina ha dado importantes pasos en la dirección correcta, y en muchos casos lo que ocurre es que se desconocen los logros alcanzados.
Esto es especialmente cierto cuando el tema de Cali se mira desde Bogotá, dado el síndrome de que adolece la ciudad, similar al que tenía el país hace unos años cuando era inconcebible que Colombia produjera noticias positivas y sólo se reconocen los problemas y los hechos negativos.
Pues bien, el caso de Cali también muestra noticias positivas y algunas de ellas ni siquiera las conocen los propios ciudadanos.
Un caso de mostrar y del cual deben sentirse orgullosos los caleños es el de la ciudadela educativa ‘Un Nuevo Latir’ situada en el Distrito de Aguablanca.
Quien tenga la oportunidad de conocer esta obra (y es algo que todos los caleños deberían hacer) no puede quedar menos que maravillado por la importancia de la misma y por lo que esto significa para el progreso de la ciudad.
Se trata no sólo de una gran obra arquitectónica que incluye colegio, biblioteca, instalaciones deportivas etc., sino lo más importante, es un elemento formador de ciudadanía, de convivencia, de creación de comunidad y de preservación de cultura; pero no de cualquier cultura, sino de aquella del habitante del suroccidente del país donde la influencia de los afrodescendientes es uno de los más relevantes de la Cali de hoy.
Con el apoyo de la Fundación Carvajal los 23.000 metros cuadrados, los 155 computadores, las instalaciones deportivas, los tableros digitales y, en fin, toda la infraestructura física se convierten en un polo de desarrollo de convivencia y formación ciudadana y los más de 2.000 alumnos, además de la comunidad en general, pueden aprovechar la experiencia acumulada de los cincuenta años de trabajo social de la Fundación para convertirse en modelo a seguir en otras zonas de la ciudad que se verían beneficiadas con proyectos similares.
Sí se puede, y lo que se necesita son buenos alcaldes y el concurso de entidades como la Fundación para multiplicar casos exitosos como este.
RICARDO VILLAVECES
CONSULTOR PRIVADO
rvillaveces@rvpconsultores.com