El pasado 6 de agosto se conmemoran 75 años del uso de la bomba nuclear en Hiroshima y Nagasaki. Ese acto dio fin a la segunda guerra mundial, pero inicio la guerra fría entre los EE. UU. y la extinta Unión Soviética. Ese conflicto implico una carrera armamentista en ves de destinar recursos a la lucha contra la pobreza a nivel mundial.
La pandemia minimizó la atención en el evento que ocurrió en Japón. Además, no son las lecciones de Hiroshima las que han centrado la discusión, sino el mundo esta abocado a nuevas “guerras frías”. Muchas de ellas, basadas en líderes mundiales que parecen desconocer la historia, pero además defienden valores que suscitaron ese trágico evento.
Así, en Rusia el régimen de Putin busca perpetuarse en el poder, y con el uso descontrolado de la tecnología, intercede en elecciones y usa las redes sociales para difundir abiertamente mentiras en defensa de sus intereses económicos y políticos. China, por su parte, es un país que ha logrado un desarrollo económico sin precedentes en los últimos años, basado en valores dictatoriales, sin respeto por derechos laborales básicos, ni por libertades individuales y colectivas.
A esto se suma que el líder chino, Xi Jinping, ha restaurado un capitalismo de estado, retrocediendo en reformas económicas y políticas, y promoviendo mayor control de empresas a través del aparato del partido comunista. Esa mezcla de un mercado que asigna los recursos, pero un estado empresario autoritario, ha resultado en un liderazgo de las empresas estatales y mixtas en el desarrollo de tecnologías de punta a nivel mundial. Precisamente ese miedo por un dominio económico y político de China ha dado base a una guerra comercial, declarada por el presidente de los EE. UU.
Lo complicado, es que el país construido sobre valores democráticos, de libertad individual, de inclusión y respeto por las diferencias, actúa en desconocimiento de ellos. Ejemplos son muchos, pero dos recientes demuestran la intromisión de Trump en la economía. Se relaciona con la inicial prohibición de la red Tik Tok (más que todo usada por adolescentes para bailes y contactos) de propiedad china, por supuesto uso como base de “espionaje”.
Realmente se trataba de un mecanismo de presión para que este exitoso negocio fuera vendido a Microsoft u Oracle, empresas de los EE. UU. Otro ejemplo, son las limitaciones de la empresa de comunicaciones, Huawei, líder en la tecnología de quinta generación, acusada como fuente de espionaje, para evitar su éxito comercial. El último eslabón contra este gigante chino, fue la prohibición de venderle microchips producidos con tecnología americana.
Hiroshima y la guerra fría nos enseña que la desconfianza, la falta de diálogo, el populismo, y el nacionalismo, militar o económico, son amenazas para la convivencia pacífica. Y los hechos que acompañan a las nuevos conflictos, basados en intereses comerciales en la multipolaridad mundial, no permiten la generación de la unidad requerida alrededor de un aspecto tan obvio como necesario: la única forma de eliminar el riesgo nuclear es abolir todas las armas nucleares. Las nuevas guerras frías no parecen permitir dar ese paso esencial.
Rafael Herz
Analista Internacional
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