Cuándo se pregunta cuál ha sido el cambio más importante del siglo pasado, las respuestas son variadas. Pero, sin duda, un cambio sustancial que cambió la dinámica económica y social de manera radical, fue la entrada masiva de la mujer al mercado laboral.
La posibilidad de estudiar y trabajar a la par del hombre, creó condiciones que cambiaron el tejido social, le dieron a la mujer la posibilidad de independiencia financiera de su pareja, y establecieron oportunidades y retos en el mercado laboral.
En 1920, los Estados Unidos le otorgaron a las mujeres el derecho constitucional de votar. Pero un siglo más tarde, el género femenino sigue luchando por la igualdad, en el ámbito laboral.
El reto de garantizar mismas oportunidades en el trabajo, sigue siendo enorme. Frente a indicadores como pago igual por el trabajo igual, participación en el mercado laboral, representación en cargos altos en el sector empresarial, las cifras aún señalan mucho que hacer.
Los países nórdicos (Islandia, Suecia y Noruega) lideran las estadísticas. En especial, frente a aspectos como porcentaje de grados universitarios con posgrado, y posiciones obligatorias en juntas directivas.
El otro extremo en la OCDE lo representan Corea del Sur y Japón, donde menos del 60% de las mujeres efectivamente han entrado a hacer parte de la fuerza laboral. Estudios señalan que parte de estas diferencias se relacionan con el hecho de que parlamentos dominados por hombres pasan menos normas y regulaciones que fomentan la igualdad de género.
Al respecto, mas allá de imponer una ley de cuotas es importante generar políticas de igualdad género. A su vez, las empresas deben ser imparciales en sus procesos de contratación y garantizar la misma escala de remuneración salarial para los cargos.
Según un estudio de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), la desigualdad laboral sigue afectando a millones de mujeres en el mundo. Existe una diferencia salarial del 20% entre hombres y mujeres, a pesar de que en muchos casos están más calificadas para desempeñar el mismo cargo, por su parte en los países de la OCDE la brecha salarial es del 13,6%.
Este 8 de marzo, más que felicitar a las mujeres, el mundo debe reconocer que debe efectivamente trabajar en la igualdad en el ámbito laboral. El estudio del Instituto Petersen for International Economics demuestra que el desempeño de las empresas mejora cuando es mayor la proporción de mujeres en posiciones de liderazgo: las compañías que cuentan con al menos un 30% de mujeres en altos puestos ejecutivos tienen un 15% más de beneficios que aquellas que no las tienen.
La participación femenina tiene un gran impacto no solo en el crecimiento de las empresas sino en el desarrollo económico de los países. Si las mujeres desempeñaran el mismo rol de los hombres en el mercado laboral, el Producto Interno Bruto (PIB) del mundo se incrementaría en 25 billones de dólares en 2025.
En ese sentido, la humanidad ha desaprovechado por siglos no solo lo que cada mujer puede sumar, sino también el aporte desde una diferenciada sensibilidad cultural, social, intelectual y ética. Esa oportunidad no se debe desaprovechar de nuevo.
Rafael Herz
Analista Internacional
rsherz@hotmail.com