“Pandemia de hambre amenaza a América Latina”, en cuya lista de países afectados estaría Colombia, dice un boletín de la Agencia de Alimentación de la ONU, información que mal haríamos en desestimar, cuando sabemos que nuestras importaciones son de unos 14 millones de toneladas de alimentos al año, convirtiéndose en un desafío la formulación de paradigmas de producción, acopio y distribución.
Revisar la oferta disponible y consultar el potencial de producción de alimentos con alto valor nutricional, es un ejercicio obligado; entre ellos, la producción de leche la cual si bien se estima del orden de 7.300 millones de litros/año, (19 o 20 millones de litros diarios), provenientes de 380.000 predios ganaderos, la industria solo compra 3.241 millones de litros al día, en promedio, y el resto se vende en el mercado informal.
Es bueno entender que durante 12 meses, la oferta oscila entre la abundancia de las épocas de invierno cuando la industria resuelve a veces no recibir el producto, y la escacez del resto del año cuando se importa leche en polvo para reconvertir.
La leche recombinada se obtiene de la mezcla del producto crudo con leche reconstituida en una proporción no mayor del 20%; y la leche reconstituida, mediante la incorporación de agua, proceso autorizado en el “Decreto 616/2006.
Si tenemos en cuenta que lo indicado es pulverizar los excedentes y estabilizar la oferta. Este año, “hasta mayo se habían importado 42.000 toneladas de leche y derivados, equivalentes a casi más de 2,5 millones de litros diarios”/ – Fedegan -07-2020, cantidad que en lugar de haberse adquirido a nuestros campesinos, se hizo indirectamente a ganaderos de otros países.
La situación se tornará cada vez más crítica a raíz de la desgravación plena contemplada en los Tratados de Libre Comercio, con EE. UU. en 2026 y con la Unión Europea en 2028. Hecho que no se compadece con el tratamiento dado al productor, como lo plantea la Asociación Nacional de Productores de leche Analac en reciente comunicado, en el que dice que en sucesivas determinaciones del Gobierno solo han beneficiado a la industria, tal es el caso la expedición de la resolución 083/2018 para comprar leche a menor costo en las zonas más afectadas por el conflicto armado (Zomac).
Y la O72/2020 expedida al comienzo de la pandemia, aún vigente, que congela los precios que se paguen al productor sin tener en cuenta los resultados de calidad incluidos en la Resolución 017/12.
Además de los auxilios recibidos por los industriales del Fondo de Estabilización de Precios (FEP), para exportar. Dinero que proviene de las contribuciones parafiscales, que rigurosamente se descuentan a los ganaderos, y que mas bien, podrían revertir a estos (ley 89/1990) mediante el pago de un diferencial de precios que haga competitiva la pulverización de la leche nacional.
Pudiéndose también otorgar, para efectos de conservar la leche en polvo nacional un incentivo de almacenamiento.
A los ganaderos les queda la tarea de impulsar la organización empresarial, las Buenas Prácticas Ganaderas y poner en marcha las iniciativas del clúster lácteo. Otros factores son el costo del transporte, los insumos y la carga tributaria. Pero además, se reclama la ecuanimidad del gobierno para un crecimiento armónico y sostenido.
Carlos Alberto Estefan
Exprexidente de Analac y de la Bolsa Nacional Agropecuaria (BM).
stefanupe@.gmail.com