Día tras día vemos como los ambientes corporativos enriquecen sus equipos de trabajo con una mayor participación de mujeres. El avance de la inclusión laboral es evidente. Sin embargo, en el país sigue existiendo el estigma de que algunas profesiones son para los hombres.
Según un reciente informe de la Unesco sobre la inversión de distintos países latinoamericanos en investigación y ciencia, se encontró que Colombia es el país con el menor número de mujeres investigadoras de la región, con solo un 37%, lo cual ratifica que en nuestro país aún tenemos mucho que hacer para que la participación de las mujeres en la ciencia aumente.
Este dato, se complementa con algunos hallazgos identificados en el estudio “El Estado de la Ciencia en el Mundo”, o SoSI por sus siglas en inglés, desarrollo por 3M. Este develador análisis permitió descubrir que las mujeres son más propensas a pensar que no se les da bien las disciplinas STEM (21% vs. 18% de los hombres).
Además, una de las principales razones por la cual las mujeres no siguieron una carrera en ciencia es porque no se consideran lo suficientemente inteligentes (19% vs. 14% de los hombres).
Lo anterior, significa que no solo enfrentamos del estigma de género y de los sesgos sociales sobre la participación femenina en la ciencia, sino a un problema de confianza.
En ese sentido, el trabajo que tenemos por delante es realmente significativo, ya que por un lado debemos generar conciencia sobre la importancia de ver la ciencia como una disciplina que va más allá de cuestiones de género; y por el otro, generar interés por estos temas desde una edad temprana.
Y eso no es todo, no solo basta con derribar estereotipos relacionados a las carreras “ideales” para una mujer, también es clave que haya igualdad en el ámbito laboral para que hombres y mujeres sean valorados de la misma manera y puedan tener oportunidades iguales al momento de conseguir un empleo y ejercer sus profesiones.
Colombia tiene la fortuna de contar con científicas mujeres que han generado grandes cambios y que han liderado proyectos significativos a lo largo de la historia.
Por ejemplo, la médica, Ana Galvis, fue la primera mujer en Iberoamérica que ingresó a la universidad en 1877 y es reconocida como la primera especialista colombiana en ginecología.
Años más tarde, en 1956, la antioqueña Ángela Restrepo obtuvo su doctorado en Microbiología y fue reconocida por sus múltiples investigaciones en torno a hongos como la micosis.
En los últimos años, la geóloga y directora del programa de ciencia de la NASA, Adriana Ocampo, desarrolló una investigación que la llevó al descubrimiento del cráter Chicxulub, la marca que dejó el impacto que causó la extinción de los dinosaurios. La lista continua, ya que estos son solo algunos ejemplos de los múltiples descubrimientos y avances científicos que las colombianas han creado.
Es claro que, la participación de mujeres en la ciencia, se traduce en un mayor beneficio para toda la sociedad global. Por eso, impulsar y reconocer su participación en la ciencia nos permitirá entender que estamos en una época de cambio, en la cual podemos seguir forjando el camino para que cada vez más mujeres sueñen con ser grandes investigadoras, matemáticas, ingenieras y médicas.
Carlos Bonilla
Gerente Técnico para la
Región Andina de 3M