Recientemente se ha generado un relativo consenso sobre el diagnóstico del régimen pensional colombiano. Este se puede considerar un esquema fallido, en el sentido que no cumple a cabalidad con ninguna de sus funciones: es inequitativo, tiene una baja cobertura y genera un alto costo fiscal.
Un buen ejemplo de sus falencias son los mecanismos de solidaridad, donde la redistribución funciona al revés: de pobres a ricos en el régimen público y de informales a formales en el privado. Desafortunadamente, parece que este consenso técnico no se ha trasladado a la opinión pública, donde algunos sectores siguen defendiendo la idea anacrónica de que no haya reforma pensional. Veamos qué opciones hay sobre la mesa.
En un extremo tenemos la propuesta de transformar todo al esquema público, dejando a las AFP solo como administradoras de fondos voluntarios, idea que ha sido adoptada por algunos sindicatos y candidatos políticos. Esta reforma generaría una mejora neta de la posición financiera del Estado, pues todas las cotizaciones entrarían a Colpensiones y se reduciría el déficit fiscal en el corto plazo, lo que abriría la puerta para aumentar el gasto en otros sectores.
Sin embargo, estos recursos no son impuestos para disponer, sino que corresponden a un ahorro de los cotizantes, que se debe devolver. Si se consumen en cada vigencia fiscal, cuando llegue la hora de pensionarse de los trabajadores actuales no habrá ahorro previo que cubra este déficit fiscal creciente. Consumiríamos el ahorro hoy, para que mañana nuestros hijos nos paguen las pensiones con impuestos a sus ingresos.
Al otro extremo del espectro tenemos el tránsito de todo el sistema hacia el ahorro en cuentas individuales, tal como lo proponen ANIF y Asofondos. En este escenario Colpensiones sería una AFP pública y ahorraría todas sus cotizaciones.
Aquí solucionaríamos el problema del ahorro intertemporal y retiraríamos la carga pensional de la siguiente generación, liberando recursos fiscales en el muy largo plazo. ¿Cuál es el costo? Para pagar el actual déficit pensional se debe cerrar la llave de la solidaridad intergeneracional. Esto implica que los actuales trabajadores tengamos que pagar dos pasivos pensionales: el de nuestros padres por medio de impuestos, y nuestras pensiones a través del ahorro.
En estos dos extremos se sacrificaría una generación por el bien común, ya sea la generación futura en el extremo público, o la generación presente en el extremo privado. ¿Hay alguna opción intermedia? La reforma de Pilares, que propone una complementariedad entre los dos tipos de esquemas, con el régimen público cubriendo un tramo básico de la pensión, y el ahorro individual premiando la mayor capacidad de ahorro.
En plata blanca, este sistema unificado implica una mejora de la posición de Colpensiones de cerca de medio punto del PIB en las primeras tres décadas, para luego generar un mayor déficit en el largo plazo, con la diferencia que los subsidios estarían concentrados en población vulnerable.
En temas de protección social, los extremos no son buenos. Pero más allá de qué alternativa es mejor, tenemos que tener algo claro como sociedad: la reforma pensional es una urgencia, y la inacción no es una opción.
David Fernando Forero
Investigador de Fedesarrollo
dforero@fedesarrollo.org.co