Cavilaciones en la crisis
Por estos lados todos miran hacia el Norte, quizás con la excepción de Brasil, que es un exportador

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Claro que los grupos regionales altamente exportadores tienen un alto volumen de exportaciones al interior de las propias regiones: los países de América del Norte le llevan a sus vecinos regionales el 51 por ciento de sus exportaciones de bienes. El comercio entre países de la Unión Europea llega a las tres cuartas partes del comercio internacional de la Unión. El 50 por ciento de las exportaciones asiáticas va para la misma región. El porcentaje de Suramérica y América Central es mucho más bajo: cerca del 25 por ciento (cifras de la Organización Mundial del Comercio). Por estos lados todos miran hacia el norte, quizás con la excepción de Brasil, que es un exportador más diversificado. Las únicas corrientes comerciales importantes entre países de la región corresponden a Brasil/ Argentina y a Colombia/Venezuela-Ecuador. Es fácil deducir que el vigor exportador intrarregional puede ser un factor positivo, o una maldición, a la hora de buscarle salidas al gran debilitamiento del comercio mundial.
En todo caso, no se puede negar que las economías menos abiertas, regularmente más pobres, están sintiendo menos angustias relacionadas con el tobogán de la economía mundial.
Algo así le ocurre a Colombia, ¿no es así?
Este episodio histórico que nos ha tocado vivir debiera dar lugar a una actividad intelectual marcada por el inventario, por la modestia con las fórmulas mágicas de la riqueza y de los 'milagros'. Y debería también propiciar algunas cavilaciones sobre la crueldad con que la comunidad humana está tratando el planeta. El precio de la 'prosperidad' y de la abundancia material es, indudablemente, demasiado alto.
Debe haber alternativas culturales, ideológicas, políticas, a los mantras y las jaculatorias en alabanza del capitalismo de mercado y de las bondades del crecimiento económico medido como la expansión del PIB. Esas alabanzas generan un altísimo costo en términos de la habitabilidad del planeta Tierra. Ahora, cuando la prensa está llena de referencias a los 'activos tóxicos' del sistema bancario, bien vale darle algún espacio a la intoxicación -y la muerte inevitable- que le causa a la comunidad humana el cambio climático, el mal uso del agua, la 'bancarización' ciega del entorno natural. El análisis económico usual, en el que se mueve este comentarista, se regodea con el estudio del valor del patrimonio construido y de sus fluctuaciones. Menos atención, mucha menos atención se le presta al valor del patrimonio natural, que es una herencia y una posta que hay que entregarles a los que vienen detrás. La humanidad alcanzaría estadios más elevados de desarrollo cuando el daño ambiental causado por la obsesión del crecimiento del PIB como medida del éxito y de la prosperidad deje de ser una 'deseconomía externa' del proceso económico y se convierta en una variable central de la economía política. Es obligatorio, por razones de supervivencia, hacer correctamente las cuentas de los costos involucrados en perseguir el mito de la prosperidad como equivalente al alto consumo. Todo ello requiere un montón de cambios: nuevas cuentas, nueva contabilidad de costos, una nueva valoración del medio ambiente, otras instituciones de regulación y valoración del uso de la naturaleza.
Quién sabe, es posible que la crisis mundial dé lugar a que esta clase de luz brille.
cgonzalm@cgm.com.co

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