Al analizar riesgo país a menudo me preguntan: ¿cuál es el impacto de los factores sociales?, ¿afecta el nivel de pobreza o la distribución de ingresos?, y si es así, ¿cómo se incorporan al análisis de riesgo? La experiencia demuestra que estos elementos impactan de forma indirecta, si llevan a cambios bruscos de políticas públicas, y aquí las instituciones de los países marcan diferencias. En unos, las presiones sociales son fuertes y en otros estas son limitadas. ¿Qué notamos en Latinoamérica?
Empecemos por describir la situación actual. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) publica anualmente un informe sobre el desarrollo humano en el mundo. Hace unos días, el Pnud dio a conocer el primero en A. Latina. El estudio es muy complejo para resumirlo aquí, pero deja claro que la región retiene el cetro de la mayor desigualdad de ingresos del planeta. Es más, explica que Latinoamérica también tiene otros tipos de inequidades, como el acceso a la salud y a la educación.
Aún más preocupante es que estas se mantienen a través del tiempo, al crear condiciones donde a los hijos les cuesta superar la situación socioeconómica de los padres.
Los problemas sociales no son uniformes. Hay mucha diferencia entre los distintos países: Bolivia, Haití, Ecuador y Brasil tienen la mayor desigualdad de la región. Por el contrario, en Uruguay, Costa Rica y Venezuela es menor.
¿Significa esto que la región está condenada a altos niveles de inestabilidad? No. Esto varía por país. En Latinoamérica los altos niveles de desigualdad y pobreza han sido, por muchos años, factores casi estructurales, de difícil cambio. Son, si se quiere, una parte casi permanente de la situación de la región. Por lo tanto, para que tengan un impacto directo tiene que resultar en cambios claros de las políticas públicas.
Por ejemplo, en Argentina hay gran demanda de la población para que el Gobierno implemente políticas redistributivas, en parte a través de impuestos a los sectores exportadores que más han crecido en los últimos años. En el 2008, la lucha entre el Gobierno y los agroexportadores llevó a un conflicto nacional. Pero en Paraguay, que también se ha beneficiado de altos niveles de exportación agrícola, la presión redistributiva es mucho menor. Allí no hubo ningún conflicto nacional, es decir, lo que lleva a crisis a un país puede ni molestar a otro.
Ahora, este parece ser el factor clave: las diferencias institucionales entre países. En algunos, las demandas sociales y los reclamos de la población se pueden manejar de forma que el problema no sea general. En otros no. Argentina es más rica que Paraguay, pero tiene más dificultad social. Lo mismo pasa con Venezuela y Guatemala. Perú encuentra un camino, pero a Ecuador le es más difícil.
Las buenas noticias en todo esto son que, a pesar de la recesión del 2009, los últimos años de crecimiento han ayudado a reducir tensiones. La desigualdad, aunque permanece alta, ha disminuido un poco. La clave para la región es avanzar sobre lo logrado, entendiendo lo mucho que todavía falta.