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Increíble, Colpensiones

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Se critica frecuentemente al empleado público por muchas actitudes indolentes, propias de las personas que no piensan que su trabajo es importante, que no importa qué haga, todo seguirá igual.
Y si bien resulta fácil encontrar ese tipo de actitud entre los funcionarios estatales, igualmente es fácil adivinar que sus jefes no han podido, o no han querido, hacerles ver el valor que para todos tiene que los primeros presten un buen servicio, probablemente, porque ellos también tienen la misma actitud.
Además, parece oportuno denunciar la actitud negativa del público que debe acudir a las entidades estatales para realizar sus tediosos trámites.
Yo mismo tengo que llenarme de paciencia cada vez que debo acudir a alguna entidad de servicio público para cualquier trámite.
No solo voy armado de paciencia, de una revista y dispuesto a hacer la cola para entrar, la fila para obtener el tiquete del turno y la larga espera hasta que la pantalla me indique que hay un funcionario dispuesto a atenderme.
Esto, cuando hay pantalla y no un megáfono mal calibrado que llama un número incomprensible. Y, entonces, hay que salir corriendo antes de que algún compadre del funcionario se ‘cuele’ en la ventanilla.
Y estas situaciones también se presentan en entidades privadas, como en uno que otro banco que no invierte en tecnología.
Es realmente inconcebible que en momentos en que está por llegar al país la tecnología 4G, todavía existan entidades a las cuales se debe ir personalmente para obtener certificaciones que deberían ser accesibles por Internet. ¿Cuánto economizaría la entidad misma en oficinas, personal y papel, si ofrecieran esos documentos de forma digital en la red? ¿Cuántos dolores de cabeza, de movilizaciones urbanas, gastos de transporte y tiempo útil podría ahorrarse el ciudadano común si este tipo de documentos estuvieran a su alcance en la red?
Parece ser cierto que la conversión del Instituto de Seguros Sociales en dos entidades, una de salud, Nueva EPS, y una de pensiones, Colpensiones, ha tenido traumatismos severos en su transición.
Y parece ser cierto que el rezago es de importantes dimensiones. Pero hoy he tenido una experiencia extraordinaria al madrugar para comenzar a hacer las filas en la oficina de Colpensiones, en el norte de Bogotá.
Habiendo concurrido a la mencionada sede en días pasados, en busca de un simple certificado de ingresos y retenciones, y habiendo encontrado largas filas que me indicaban que iba a gastar por lo menos unas cuatro horas en el proceso, decidí madrugar, llegué a las 7:15 de la mañana, y encontré una pequeña fila de unas seis o siete personas en la puerta, quienes, como yo, estábamos dispuestos a esperar que comenzara la atención al público a las 8:00 de la mañana.
Cual fue nuestra sorpresa, cuando a las 7:30 un funcionario de Colpensiones salió de la oficina a la calle a indagar qué necesitábamos cada uno de los que hacíamos fila. La mayoría iban a reclamar su resolución de pensión, yo, solo por mi certificado.
El funcionario, Don William, de manera amable y servicial recogió documentos a quienes estábamos en fila, y 10 minutos después, antes de que comenzara la atención al público, yo tenía mi certificado en mis manos. Eso es lo que puede hacer un funcionario comprometido.
¡Don William, esa es la actitud correcta! ¡Muchas gracias!
Paul Weiss Salas
Pensionado
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