Si se trata de utilizar la figura, podría decirse que a las ventas del sector automotor en Colombia les pasa como a ciertos carros: andan un poco más rápido, pero el pasajero no lo siente. Esa es una forma de resumir el desempeño de la actividad al cierre del primer trimestre del 2019, tras conocerse los cálculos que elaboran Fenalco y la Andi con base en las cifras que entrega el Runt.
De acuerdo con la información, entre enero y marzo se matricularon 54.551 unidades, lo cual da una variación positiva del 0,6 por ciento. Es verdad que el año viene de menos a más, pues el primer mes mostró una contracción, el segundo un leve repunte y el tercero un alza de más de 3 por ciento.
No obstante, una mirada más detallada a las estadísticas muestra un comportamiento muy heterogéneo. Por ejemplo, la demanda de automóviles particulares cayó en casi 6 por ciento, mientras que la de taxis subió más de 19 por ciento y la de camionetas, 45 por ciento. Es muy probable que en este último caso la explicación sean los gustos cambiantes de los consumidores, pero aun así es imposible hablar de una dinámica uniforme.
Dicho parte puede sonar sorpresivo a la luz de la mejora en las condiciones económicas del país, como lo comprueba una tasa de crecimiento del PIB al alza. De otro lado, la inflación se mantiene controlada y las tasas de interés permanecen estables.
No menos importante es que el dólar, más allá de sus altibajos puntuales, ha oscilado poco. En tal sentido, el efecto de la devaluación podría describirse como moderado, lo cual le debería darles algunas garantías a los compradores que quieren estrenar.
Sin embargo, el despegue nada que llega. Parte de la explicación recae en Bogotá, que con un peso cercano al 30 por ciento en el mercado, registró una caída del 10 por ciento, que contrasta con los buenos desempeños de Barranquilla y Cartagena. Habrá que esperar, entonces, a ver si la máquina gana en velocidad, algo que ahora parece más improbable.