Que el verano sigue fuerte en el país, es algo que confirman las estadísticas. Según la firma XM, en lo que va corrido del mes los aportes hídricos a los embalses que respaldan el sistema interconectado nacional se encuentran 17 por ciento por debajo de la media histórica. Ello ha incidido en que los niveles de agua acumulada hayan bajado a algo más del 64 por ciento de la capacidad, después de haber cerrado el 2018 por encima del 71 por ciento.
Si bien la reducción es grande, quienes saben de estas cosas señalan que vale la pena mantener la calma. El motivo es que no solo el indicador es elevado, sino que está ocho puntos porcentuales por encima del observado en la misma época del 2016, cuando el fenómeno del Niño se sintió con intensidad sobre el territorio nacional. El infante que trae la sequía volvió, pero no es igual de vigoroso.
Debido a ello, el país debería pasar la prueba sin mayores sobresaltos. Para comenzar, tres años atrás las cosas se pusieron difíciles cuando la central de Guatapé salió de circulación tras el daño en varios cables de conducción. La combinación de suerte y una efectiva campaña de ahorro de energía evitaron llegar a un racionamiento.
Es improbable que una emergencia de la misma naturaleza vuelva a ocurrir en la presente ocasión. No solo los niveles de monitoreo han avanzado, sino que parte de las lecciones aprendidas se pusieron en práctica. Si los modelos están en los correcto, entre abril y mayo los patrones de pluviosidad deberían volver a ser normales.
El parte no solo es alentador para el ramo de la generación eléctrica, sino también para los agricultores. Las altas temperaturas y el menor régimen de lluvias han ocasionado heladas en el altiplano boyacense, al igual que menores rendimientos en las cosechas. Aun así, los técnicos creen firmemente que el impacto sobre el precio de los alimentos será de orden menor y que la inflación debería mantenerse dentro del redil establecido por el Banco de la República.