Un lugar común en las conversaciones que tienen los colombianos cuando hablan de sus obligaciones con el fisco, es insistir que en el país se pagan impuestos de manera excesiva. Y aunque seguramente hay casos individuales en que eso es así, las comparaciones internacionales dicen otra cosa.
Eso es lo que viene de señalar la Cepal, que un par de días atrás dio a conocer las estadísticas tributarias de la región. Según el organismo, el peso del recaudo tributario en Colombia equivale al 18,8 por ciento del Producto Interno Bruto, cuatro puntos porcentuales menos que el promedio de América Latina y el Caribe. Y frente a las naciones que conforman la Ocde la diferencia supera los 15 puntos.
Es verdad que la muestra se ve influenciada por los ejemplos de Brasil, Uruguay y Argentina, en donde el esfuerzo de los contribuyentes supera el 30 por ciento de su respectivo PIB. Aun así, estamos por debajo de Costa Rica, Bolivia o Nicaragua, entre otros.
Lo anterior explica por qué múltiples entidades insisten en que necesitamos hacer más en este frente. A comienzos de marzo el Fondo Monetario Internacional afirmó que los ingresos públicos deberían aumentar en el equivalente de dos o tres por ciento del tamaño de la economía, si se quieren financiar adecuadamente múltiples iniciativas en el plano social o de desarrollo de la infraestructura, aparte de evitar que suba la deuda.
Y aunque cada nación tiene la facultad de matar las pulgas a su antojo, la Cepal propone cinco instrumentos: reducir la evasión tributaria, gravar a la economía digital, aplicar impuestos ambientales, examinar a fondo el gasto estatal y fortalecer los tributos sobre la renta de las personas, junto con los de la propiedad inmobiliaria.
Tal como están las cosas, pareciera que Colombia le va a apostar mucho a la primera opción. A sabiendas de que los evasores dejan de pagar el equivalente del 6,5 por ciento del PIB regional, la pregunta es si la Dian será capaz o no de cerrar ese boquete.