No ha sido este el comienzo de año más auspicioso para los productores de café colombiano. El precio de la carga del grano empieza la presente semana en 725.000 pesos, 13.000 menos que en igual periodo del 2018. Si se tienen en cuenta los reajustes en los costos laborales y en los insumos que necesita el cultivo, es fácil concluir que los márgenes de la actividad se siguen reduciendo.
Lo sucedido es consecuencia directa de la baja cotización del producto en el mercado internacional. La libra, que doce meses atrás estaba en 1,2 dólares, ahora apenas si está por encima del dólar. Y aunque la devaluación del peso ayuda a paliar la situación, el alza en el mercado petrolero influye en que la moneda nacional se recupere frente a la divisa.
Sin embargo, el elemento que más peso tiene en la ecuación es lo que pasa con la cosecha brasileña. De acuerdo con las autoridades de la nación vecina, el año pasado la producción llegó a un nuevo máximo histórico al registrar 62 millones de sacos, unas cuatro veces y media la de Colombia. Las cuentas de los expertos hablan de un exceso de oferta, que deprime los valores del grano.
Y el impacto no se detiene ahí. Aunque por razones cíclicas la recolección en el 2019 será menor, también llegará a un punto récord. Los cálculos de los conocedores hablan de 53 millones de sacos, con lo cual no tendrá lugar una disminución apreciable en los inventarios. Puesto de otra manera, todo apunta a que el café se quedará cerca de donde está.
Lo anterior quiere decir que las esperanzas de mejoría del medio millón de familias que en el país derivan su sustento parcial o total del cultivo del grano, están condicionadas a la obtención de mayores rendimientos. Al respecto, la Federación considera que las probabilidades de superar el nivel simbólico de los 14 millones de sacos anuales son elevadas.
A pesar de ello, no faltarán los pedidos de ayuda, con el argumento de que el apoyo definido el año pasado finalmente no acabó siendo utilizado. La respuesta técnica es que esa asignación presupuestal expiró, pero sin duda los cafeteros quieren oír otra cosa.
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