Si algo no tenían en el radar los analistas para este comienzo del 2019, era que la inflación se comportara de manera ejemplar. Y es que frente a las expectativas de una aceleración en el ritmo del Índice de Precios al Consumidor en el primer bimestre del año, los datos del Dane dicen otra cosa.
Tal como lo informó la entidad este martes, el alza de los bienes y servicios que componen la canasta familiar llegó a 0,57 por ciento en febrero, un guarismo inferior en casi quince décimas al registrado en el mismo periodo del 2018. Como consecuencia, el acumulado anual quedó en 3,01, prácticamente en el punto medio del rango definido como meta de largo plazo por el Banco de la República.
Semejante logro es una buena noticia. Para comenzar, alarga el horizonte de estabilidad de las tasas de interés internas, pues no hay necesidad de aumentar el costo del dinero. Adicionalmente, preserva el poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores, tras un aumento particularmente generoso del salario mínimo vigente a partir de enero.
Aun así, los especialistas tratan de entender por qué sus cálculos se desfasaron tanto en la presente oportunidad. Si bien no existe una sola explicación, salta a la vista que el valor de los alimentos subió mucho menos de lo que se anticipaba (0,23 por ciento en el mes), sobre todo cuando se tiene en cuenta la presencia del fenómeno climático de ‘El Niño’.
Por otra parte, los saltos propios del arranque del calendario solo acabaron siendo significativos en el caso de la educación. Las matrículas para los diferentes niveles de enseñanza subieron entre 4,5 y 5 por ciento, un movimiento que se asemeja mucho al de mediciones anteriores.
En contraste, las tarifas de transporte avanzaron relativamente poco, al igual que el arriendo o los servicios de restaurante. Las bebidas alcohólicas y el tabaco aumentaron más del 1 por ciento, pero fueron la excepción y no la regla. Queda claro, entonces, que el balance inflacionario de febrero no dejó resaca.
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