No existe una filiación económica tan estrecha entre las economías latinoamericanas y la de Estados Unidos como es la relación entre México y el país del norte. La cercanía geográfica pone de relieve relaciones de intercambio no sólo económicas, sino culturales. Estados Unidos cada vez más, pese a las restrictivas leyes de inmigración, recibe diariamente un potencial significativo de migrantes mexicanos, que desempeñan un papel importante en la economía estadounidense. La pasada crisis financiera de la gran potencia, efectivamente puso una vez más en evidencia tal dependencia económica. Las cifras así lo confirman. De acuerdo al BID, México experimentó durante el 2009 uno de sus años más dramáticos en materia económica y social. Entre el 2008 y 2009 el país azteca disminuyó sus indicadores económicos.
El Producto Interno Bruto presentó una tasa de crecimiento de 1,35 por ciento en el 2009, frente a un 3,33 por ciento en el 2008, y un 5,13 por ciento en el 2007, mostrando de esta forma la tasa de crecimiento económico más baja desde el 2003, cuando fue de 0,83 por ciento. El consumo interno de los mexicanos no tuvo mejor comportamiento durante el año pasado; pasó de una tasa de crecimiento en el 2008 de 3,63 a un 1,42 por ciento en el 2009, si a esto se le suma la fatal experiencia vivida con la epidemia de AH1N1, no es de extrañar que el consumo y algunos sectores económicos como servicios y turismo presentaran una caída significativa.
Por otro lado, se encuentra el comportamiento de la inversión. Esta estuvo hacia la baja, pasando de un 77 por ciento en el 2008 a un 4,94 por ciento en el 2009. Sin embargo, la crisis no perduraría por siempre, y la recuperación de Estados Unidos en el sector industrial y el consumo amarró una recuperación en la economía mexicana.
Los pronósticos y el comportamiento de los principales indicadores económicos en lo corrido del 2010 así lo señalan. De acuerdo a la Ocde, se espera que México presente una tasa de crecimiento económico en el 2010 de un 4,5 por ciento, volviendo a recuperar el buen desempeño de años anteriores apoyado en el comportamiento de sus exportaciones a Estados Unidos y el consumo privado.
El optimismo que presentan las autoridades de este país es tan alto, que ha llevado a aumentar los pronósticos en varios puntos, como en las tasas de crecimiento esperadas no sólo para el año 2010, sino para el 2011. Las dependencias jamás han sido buenas, y lo anterior es un ejemplo de ello. Si bien la recuperación de Estados Unidos ayuda a la economía mexicana, también la puede llevar a momentos críticos como el experimentado durante el 2009, por ello es recomendable diversificar y no concentrar los intereses en un sólo país.
México debería enfocar más sus intereses económicos hacia el resto de Latinoamérica, estrechando lazos comerciales estratégicos, y de esta forma evitar complicaciones hacia el futuro.