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Carlos Ossa, líder de paz

Fue un visionario de la paz al buscar no solo el diálogo y la reconciliación con los actores ilegales, sino, fundamentalmente, con la gente.

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Era un hombre de temperamento sereno y respuestas directas. Carlos Ossa Escobar fue el líder de los procesos de paz y del Plan Nacional de Rehabilitación (PNR) que se emprendieron en el gobierno de Virgilio Barco (1986-1990), y que transformaron las políticas públicas que hasta entonces se venían aplicando en este campo.
Pocos recuerdan el nombre completo de su cargo: Consejero Presidencial para la Reconciliación, Normalización y Rehabilitación. Semejante denominación representaba, precisamente, el rediseño de lo que hasta ese momento se conocía como política de paz, introduciendo en la ecuación de la reconciliación los tema de comunidades, territorios, presupuesto social del Estado y diálogo, no solo con los alzados en armas sino, prioritariamente, con los líderes y voceros de las regiones agobiadas por la pobreza y el abandono de las instituciones.
Recuerdo una reunión con la comunidad en un municipio del Cesar, donde antes que él, hablaron 36 personas. Ni se inmutó. Almorzó en la mesa tomando notas y al final del día habló por espacio de una hora. Empezaba lento, no era el mejor orador, pero era preciso y didáctico y se tranquilizaba a los pocos minutos. Tomaba ritmo y no paraba. Buena parte del respeto que se ganó, lo hizo escuchando y aprendiendo de la gente. En sí mismo, él encarnaba la política de paz.
Con su orientación, dirigido primero por Rafael Pardo y luego por Eduardo Wills y Eduardo Díaz, se puso en marcha el PNR como una ambiciosa estrategia gubernamental y del Estado, para llevar progreso a los lugares más golpeados por la pobreza, reconciliarse con sus habitantes y normalizar la vida democrática. No era solo inversión y presencia institucional, sino diálogo directo y toma conjunta de decisiones con líderes comunitarios. El Plan venía del gobierno Betancur y fue ampliado por el de Barco.
No pocos políticos tradicionales pusieron el grito en el cielo diciendo que era un plan subversivo; y la guerrilla también, afirmando que era una estrategia cívico-militar. Ninguna de las dos afirmaciones era cierta, pero, en muchas regiones, sí le rompió el espinazo al clientelismo porque el Estado llegaba directamente a las comunidades sin intermediación. Y en cuanto a la guerrilla, por primera vez no estaban solos en los territorios porque los funcionarios gubernamentales, las instituciones y los presupuestos públicos llegaron a muchos lugares donde antes brillaban por su ausencia. Ossa se lucía respondiendo estas críticas. Fue una impronta de su gestión.
Carlos Ossa fue un visionario de la paz al buscar no solo el diálogo y la reconciliación con los actores ilegales, sino, fundamentalmente, con la gente y sus voceros en los lugares más olvidados de las acciones del Estado. Bajo su liderazgo llegaron a la vida pública muchos jóvenes del territorio nacional, como parte de una causa. Y también algunos académicos que no creían en la política. Los que tuvimos el privilegio de estar ahí como servidores públicos no sentíamos que teníamos un trabajo, sino que éramos parte de algo relevante para el momento que vivía Colombia.
Hombres y mujeres que a lo largo de las tres últimas décadas, silenciosamente, seguimos contribuyendo, como podemos, a la reconciliación, porque desde entonces hace parte de nuestro ADN. Mi deuda de gratitud y cariño –y quizás la de muchos– con Ossa es grande y su inspiración siempre ha sido una llama viva en mi corazón. En 1986 sin conocer a Ossa llegué a la Consejería a trabajar con Gabriel Silva, Jesús Antonio Bejarano, María Cecilia López, Carlos Eduardo Jaramillo y muchos otros, algunos ya fallecidos, y al recordarlos, evocó mi paso por el sector público y el PNR como una causa y servicio por la paz. Abrazo a su esposa, hijos, nietos, familiares y amigos.
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