Llegó el momento de ofrecer una negociación a las Farc. No hay que detener las operaciones militares, sino impulsar paralelamente una estrategia de reconciliación.
El objetivo es que la guerrilla se acabe.
Hace 25 años, el presidente Barco lanzó su Iniciativa para la Paz, que permitió los exitosos procesos con el M-19 y otros cuatro grupos guerrilleros: EPL, Quintín Lame, PRT y CRS.
Casi 7.000 guerrilleros, en las administraciones Barco y Gaviria, se reincorporaron a la vida democrática, demostrando que la fuerza de sus ideas era superior a la de sus fusiles. Nunca se detuvieron las operaciones militares.
En ese entonces, las guerrillas se agrupaban en la Coordinadora Simón Bolívar y los escépticos, igual que ahora, decían que era una locura ofrecer diálogo. La realidad les dio la razón a Barco y Gaviria.
Hoy como ayer, quizás la mayoría de los guerrilleros saben que su tiempo en el monte terminó. Prueba de ello son los guerrilleros que día tras día se desmovilizan.
Es un proceso de paz efectivo y silencioso que ya está ocurriendo. Una iniciativa para la paz aceleraría esto, incluso a nivel de jefes porque saben que pueden acabar como ‘Reyes’, ‘Jojoy’ o ‘Cano’.
El diálogo se puede abrir poniendo dos condiciones.
Primero, tienen que hacer un cese al fuego unilateral y entregar todos los secuestrados. Segundo, deben aceptar que la desmovilización y desarme son los objetivos centrales del diálogo.
Las negociaciones se dan en tres ejes: operativo, jurídico y político. El operativo: se localiza la fuerza armada de la guerrilla en sitios previamente establecidos, donde no los persigue la Fuerza Pública. El jurídico: se negocian figuras de amnistía, indulto u otras modalidades de perdón y olvido.
El mundo se movió a la política de cero tolerancia frente al terrorismo, existe la Corte Penal Internacional y no son perdonables delitos de lesa humanidad, pero hay margen para negociar.
El político: guerrilla y partidos políticos discuten iniciativas de reformas para ser presentadas al Congreso o la sociedad, a partir de una propuesta de las Farc. No existe ningún compromiso de parte del Gobierno respecto de ellas, distinto de dar garantías para que se den estas conversaciones.
La guerrilla no tiene que renunciar a sus ideas, sino al modo de defenderlas: con discursos y no con balas. Pero el Gobierno no está obligado a hacer la revolución por decreto. Si las Farc tienen sus ideales, que se organicen como partido político y los presente al país con las reglas de la democracia, una vez desmovilizados.
El acuerdo que se firma contiene los consensos de estos ejes de discusión. En el caso de las reformas, es un anexo de propuestas que no obliga al Gobierno ni al Congreso.
Así, el Presidente toma la iniciativa de los diálogos que tienen un horizonte claro y evita que el proceso sea usado como oxígeno por las Farc.
Este plan de paz así puede ser un documento aprobado en el Consejo de Ministros, la Fuerza Pública y los partidos de la Unidad Nacional. Eso le da total legitimidad. Si la guerrilla dice No, es un No al país.