No sólo las bolsas del mundo, por cuenta de la crisis económica en Grecia, estuvieron a la baja esta semana, también lo estuvieron los políticos. Miles de manifestantes en Barcelona, (España) impidieron que se reunieran a sesionar los concejales de esta ciudad.
Lo más suave que les dijeron fue “corruptos”.
Dos consignas de esas protestas, que bien podrían haber ocurrido en Colombia, México o Argentina, me llamaron la atención: “Lo llaman democracia y es botín”; “Este sistema no me respeta”.
Aquí no solamente hay rabia y rechazo a los politiqueros de turno, sino que hay un nivel de conciencia política que muestra que la gente no cree ya que se trate de casos aislados de políticos corruptos, sino que tiene que ver con el sistema de gobierno en general, con el funcionamiento de la democracia.
En nuestro medio, la crisis de falta de credibilidad en los políticos es total.
El reciente fracaso de las elecciones de consultas internas de los partidos es una muestra de ello. Índices de abstención cercanos al 80 y 90 por ciento dan fe de una crisis profunda de los partidos.
Crisis que por supuesto no ven los que están dentro de los partidos. Dicen que es pasajera por la aparición de Álvaro Uribe, pero que liberales y conservadores volverán a ser lo que fueron hace décadas, cuando dominaban la escena política nacional. O que fenómenos políticos como el Partido Verde son pasajeros.
Ambas cosas son ciertas: el partido de ‘la U’ de Uribe diezmó al liberalismo, y los verdes como partido seguramente desaparecerán.
Pero ello no quiere decir que liberales y conservadores, nuestros partidos tradicionales, van a recuperar su espacio. Lo que estamos viendo es lo contrario. Muchos de los candidatos más opcionados a las principales alcaldías del país, incluida Bogotá por supuesto, son independientes. En la capital de la República estamos asistiendo al entierro político del nuevo partido de izquierda, el Polo Democrática, por cuenta de la corrupción y el mal gobierno.Lo que sienten los españoles que dicen que “este sistema no me respeta”, lo sentimos muchos ciudadanos de otras latitudes.
Vivimos en Colombia y Latinoamérica una época de liderazgos individuales. Viejos y nuevos partidos se desploman en medio de escándalos de corrupción, y surgen nuevas figuras provenientes del sector empresarial o los militares que, a ojos de los ciudadanos, llegan al poder con más dudas que certezas.
Ya nadie en Colombia defiende razonablemente el sistema democrático basado en partidos, porque está rodeado de falta de credibilidad y desprestigio. En teoría funciona, claro.
El discurso está ahí, es perfecto, pero la práctica muestra la dura realidad y muchos pensamos, como los españoles, que el sistema es perverso y que el clientelismo y la politiquería ya no son casos aislados, sino quizás la práctica mayoritaria.
Aquí está la esencia de la próxima reforma política: empoderar al ciudadano y no a los partidos, y empezar por ahí la transformación de la política.