A votar este domingo. Todos los ciudadanos deben cumplir con su deber democrático. Cada voto cuenta, cada voto es importante. Hay candidatos para todos los gustos. Las diferencias están bien marcadas.
Mockus, representa la esperanza para derrotar el clientelismo y la corrupción en la política. Para arrebatarle el poder a quienes lo convirtieron en negocio y transacción. Santos, continuidad del proyecto político de Uribe y un gobierno de unidad nacional. Noemí, cambio en el estilo de gobernar. La primera mujer presidenta de Colombia, toda una revolución.
Pardo, seriedad y experiencia en el ejercicio del poder, defensa de la Constitución y la promesa de que las políticas sociales tendrán más peso en el Gobierno. Vargas Lleras, una revelación en política, mano firme contra los violentos y buenas propuestas para manejar el país en todos los campos. Y Petro, la izquierda democrática al poder. La constatación de que la reconciliación sí es posible en Colombia.
La campaña que termina estuvo llena de sorpresas. La primera, que Uribe no fue candidato. El país respiró aliviado. Era ir demasiado lejos en la aspiración de un hombre, borrar en la práctica la separación de poderes y dividir el país.
La segunda, Noemí derrotó a Arias en la consulta conservadora. La tercera, la campaña inédita de los tres tenores -Mockus, Peñalosa y Lucho- que marcó un nuevo estilo de hacer política en Colombia con propuestas y sin agravios. Cuarta, el ascenso vertiginoso de la fórmula Mockus-Fajardo en las encuestas: la constatación de que el país no le pertenece a nadie.
La de este domingo será, seguramente, una votación grande. Mi voto es para Rafael Pardo, un hombre experimentado y probado en el gobierno. Consejero de Paz y Ministro de Defensa exitoso, Director de Plan Nacional de Rehabilitación. Estudioso y honesto, con una propuesta de Gobierno bien elaborada. Conoce y se mueve bien en el mundo internacional.
Nadie puede perder de vista que hay seis buenos candidatos, y que la elección a dos vueltas está hecha para que los electores, siguiendo sus convicciones, escojan entre varios candidatos y no solamente entre dos. La segunda vuelta es para eso, para elegir entre dos.
El momento que vive Colombia necesita claridad de propósito en el Gobierno. Uribe recuperó la confianza, de eso no hay duda. Pero como país estamos aislados internacionalmente, y la prioridad es crear empleos y darle importancia, en serio, a los temas sociales: a la crisis de los desplazados por la violencia, la salud, educación y la construcción de viviendas.
Pero sobre todo, hay que liberar al país, al Gobierno y a las instituciones, de los políticos corruptos. Es un hecho inocultable para todos, que esa es la mayor esperanza de millones de colombianos. La llegada de la ola verde a la política colombiana trae esta promesa. Ya no basta con impulsar buenas políticas públicas. Es necesario gobernar sin darles notarías y embajadas a los congresistas a cambio de su respaldo en el Parlamento.
Las entidades públicas no pueden seguir siendo el botín de los políticos que triunfan en las elecciones. La corrupción creó odio y apatía en los ciudadanos. Es la vergüenza nacional. El poder hay que ejercerlo sin abusar. Tenemos una buena Constitución producto de un amplio consenso social. Hay que volver a ella, como espíritu del ejercicio del poder.