Las crisis han sido tradicionalmente los “momentos de la verdad” donde algunos líderes se consolidan, otros surgen y no pocos se desmoronan.
Desde la segunda mitad del siglo XIX los Estados Unidos habían venido registrando una trayectoria que les permitió ejercer un liderazgo indiscutible en lo que se llamó Occidente y ser gran promotor de la arquitectura institucional no solo doméstica sino internacional que, con el fin de la Guerra Fría, llevó a decir que habíamos llegado al fin de la historia.
Está crisis del Covid19 ha puesto en evidencia, como nunca, las debilidades y flaquezas de la sociedad que se había mostrado al mundo y así misma como el ejemplo que todos debían seguir.
No es solo el caso de Trump, que ya es de antología. Inconcebible que un personaje con esos características mentiroso compulsivo y narcisista patológico sea el presidente de esa gran Nación y que, deliberadamente, estén renunciando al liderazgo mundial en todos los frentes con su tesis de America First.
Más dramático, aún, el grado de imprevisión y falta de coordinación para manejar una situación tan compleja.
Pandemia que era un riesgo anunciado, estudiado y discutido, por ejemplo en 2005, no solo por líderes empresariales como Bill Gates, sino por el propio presidente Bush en discurso ante el Instituto Nacional de Salud (NHI). Poco hicieron ni su gobierno ni el de Obama y en el de Trump lo que se dio fue una reducción en el presupuesto para este tema.
Además del torpe manejo de Trump desconociendo la amenaza y politizando el tema, resultó que no había los kits para las pruebas y muchos ventiladores que estaban en inventario no funcionaban, no había equipos de protección para los médicos etc, lo que hubiera sido explicable en un país pobre, pero no en el país más rico del mundo.
Esa ausencia de liderazgo y coordinación no deja de sorprender cuando hoy, con cinco veces más infectados de los que tuvo China, la epidemia se propaga por todos lados y muchos Estados están lejos de adoptar las medidas que se requieren. Una gran parte de esos americanos que solo se miran el ombligo y el mundo externo para ellos no existe siguen convencidos de que el problema no es con ellos y no adoptan las medidas necesarias para evitar un desastre mayor.
Los aeropuertos de ese país siguen operando y la movilidad es alta a pesar de que en muchos lugares tienen el mismo problema del resto del mundo de que sus servicios sanitarios pueden colapsar si no se frena el ritmo de propagación.
Ahora se vienen las elecciones y quien resulte electo tendrá que ocuparse de una recuperación con impacto global, después de un gran retroceso económico y social.
Alguna esperanza hay de que esta crisis le reduzca a Donald Trump lo que sería una funesta reelección. Lo que preocupa es que Biden es hoy un ser invisible. Difícil escenario
En Colombia, sin buscarlo, Duque ha tenido que afrontar el mayor reto que ha tenido quizás el país en su historia. Hasta ahora lo ha hecho bien. Esta puede ser la oportunidad para que pase verdaderamente a la historia.
Ricardo Villaveces Pardo
Consultor privado.
rvillavecesp@gmail.com