Cambios de doctrinas

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Sin embargo, no quieren contar con civiles para pensar en estos cambios, razón por la cual no figura el Ministro de Defensa en el escenario de transformación. Y no dicen, tal vez porque creen que no les compete, qué va a suceder con la Policía, que tiene mayor urgencia de transformarse, porque ha sido más vulnerable a la corrupción y menos inclinada a expulsarla. En la policía ‘separan a las manzanas malas de las buenas’ en los procesos de ascenso, pero no parece que esto se lleve a cabo para sacar a las manzanas malas.
En lo referente a que no participen civiles se pierde la oportunidad de que surjan preguntas que no se hacen normalmente entre militares, porque la jerarquía y la tradición de obediencia impiden que esto fluya naturalmente. Necesitan a alguien que indague, por ejemplo, por qué han dejado que otros agentes armados controlen los corredores del contrabando, o por qué tardaron tanto en descubrir (¿aceptar?) que las Bacrim son una amenaza a la seguridad nacional, porque en algunas regiones tienen el dominio efectivo, como lo tenían los paramilitares.
La idea de que el Gobierno de Estados Unidos y la Otan asesoren la transformación, era predecible. Pero cabe preguntar si esta asesoría militar es la que más le conviene a Colombia. En términos de efectividad y de respeto a los derechos humanos, EE. UU., posiblemente, no es el que ha mostrado los mejores resultados, y la doctrina de ese país parece ser muy dominante en Europa.
La Fuerza Pública no es la única que necesita un cambio de doctrina y un comando que lidere el cambio. La Cancillería los requiere con urgencia para ponerse a la altura de las mejores cancillerías en la región, y defenderse de otras cancillerías como la de Brasil, que tiene una larga historia de distinción y visiones de destino manifiesto en América Latina que nos afectan, o la de Venezuela, que cuenta, aparentemente, con la sagaz asesoría de La Habana y nos ha tenido en jaque.
El sistema político también necesita un cambio de doctrina porque si el clientelismo sobrevive o progresa en el posconflicto, la paz no va a contribuir a cambiar el país. La relación entre el centro y las regiones, y la delegación de poder central a las élites regionales han contribuido a que el Estado no esté efectivamente presente en las regiones y que haya prosperado el paramilitarismo.
Y el daño irreparable que hacen la presencia y las actuaciones de Jorge Pretelt en la Corte Constitucional, por ejemplo, son evidencia de que la justicia sigue sin haberse reformado, contrario a lo que se anuncia, como consecuencia del ‘equilibrio de poderes’. Las altas cortes y el Consejo de Estado tendrían que promover que sus integrantes se declaren impedidos para juzgar casos de pensiones que afecten a las de sus miembros.
rhommesr@hotmail.com

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