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La mala educación

Es deprimente que sin haberse dado un debate sereno, Gobierno quiera enterrar el proyecto.

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Los estudiantes de las universidades públicas y algunos de sus rectores hicieron una demostración esta semana de lo que parece ser el principal problema de la educación superior en Colombia: el sistema universitario no está educando a los jóvenes, sino que les está metiendo en la cabeza clichés que ellos incorporan como dogmas.
No se les está enseñando a pensar, a discutir y a debatir, sino a portarse como fanáticos capaces de matar por ideas sin contenido y valores que carecen de sentido. Las nuevas generaciones no se están formando para ser miembros de una sociedad capaz de entender sus problemas y de hallarles soluciones.
El miércoles pasado, quienes transitaban por las calles de la ciudades del país pudieron ver a futuros profesionales encapuchados, agrediendo a la Policía y corriendo delante de los gases lacrimógenos que ponen a barrios enteros a llorar y a murmurar groserías contra los revoltosos.
Son una minoría los estudiantes que acuden con facilidad a la violencia para impedir que se produzcan cambios, porque no hay un medio más reaccionario y más adverso al cambio y al libre debate de ideas que las universidades.
Deprime saber que a la Universidad Pedagógica la llamen ‘la Piedragógica’ o que las papas bombas que hicieron volar en pedazos a los estudiantes pastusos estaban destinadas a impedir que se habiliten nuevas fuentes de recursos para la educación superior. Porque eso es lo que pretende hacer el Gobierno con el proyecto de ley que ha suscitado las protestas.
También es deprimente que sin haberse dado un debate sereno e inteligente sobre las bondades o desventajas de esa ley, el Gobierno ya está dejando entrever que está dispuesto a enterrar el proyecto como respuesta a la insensatez exhibida en los medios universitarios. Se sabía de antemano que la propuesta iría a pisar callos.
No puede ser que vaya a correr la misma suerte que tuvo la reforma del sistema tarifario de transporte de carga por carreteras. ¿Cómo se va a promover un proceso democrático de cambio si a cada propuesta reaccionan con violencia los beneficiarios del statu quo y el Gobierno no insiste en sus propósitos?
Lo que el Gobierno propone es permitir que se establezcan instituciones de educación superior con ánimo de lucro, y que el sector privado pueda aliarse con universidades públicas o privadas para llevar a cabo conjuntamente proyectos académicos o investigativos con ánimo de lucro.
Por ejemplo, que unos inversionistas se alíen con científicos de la Nacional para desarrollar una vacuna que puede hacerlos ricos a todos, y que lo hagan institucionalmente, con participación de la universidad y por encima de la mesa. Esto no quiere decir que se va a acabar con la universidad pública, ni que le van a dejar de asignar recursos del presupuesto, sino que las universidades que así lo deseen pueden gestionar recursos de esa forma.
¿Cuál es el problema? ¿Que van a crecer los recursos disponibles para la educación superior? El rector Wasserman dice que esta reforma no sustituye el mayor esfuerzo que debe hacer el Gobierno para financiar la universidad pública. Eso es cierto, pero tampoco les haría daño a las universidades disponer de otra fuente de recursos que hoy no están explotando.
Por otra parte, si la mayoría de las universidades se hubieran organizado como empresas y no como fundaciones pagarían impuestos. Podrían haber ingresado al sistema empresarios orientados a promover la excelencia y no especialistas en armar roscas y hacer trampa.
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