Ante la Corte Constitucional, el presidente Iván Duque explicó a los magistrados, en 39 minutos y 9 segundos, las razones por las cuales Colombia debe reiniciar la lucha contra la producción ilegal de coca, luego de ocho años de permisividad por parte de su antecesor. Como lo dejó claro el Presidente: “este no es un tema de un herbicida, ni un tema político. Es uno de combatir la ilegalidad”. Dejo muy claro que lo que está en peligro es el orden constitucional, la seguridad, la integridad territorial y nuestro sistema de convivencia.
Les explicó a los magistrados que esta es una discusión factual, y que son más los muertos que produce la erradicación manual que la aspersión. Y el número de muertos ha aumentado porque los terroristas tienen francotiradores, minan los campos y asesinan a quienes tocan sus matas. En el 2017 casi no hubo víctimas, porque no hubo erradicación. Mientras que en el 2009 hubo 232 grupos para la erradicación, en el 2018 solo había 23. A ese paso, el país tendrá todas sus 114,7 millones de hectáreas cubiertas de coca, antes de que se prohíba el diésel, que es mucho más cancerígeno.
También les dio evidencias de que erradicar manualmente una hectárea vale tres veces más que fumigándola desde el aire, y que en un día es posible erradicar dos hectáreas a mano, mientras que con aspersión se logra destruir hasta 150 hectáreas.
Ahora, si el gran argumento es que el glifosato, que se consigue en cualquier dispensario agrícola por 40.000 pesos el litro, es cancerígeno, y que hay que proteger la salud pública, la Corte debe prohibir también el cigarrillo, las carnes rojas, o las secas, los alimentos enlatados, los edulcorantes artificiales y hasta las crispetas de microondas.
Porque el debate del glifosato, como lo dijo el Presidente Duque, es un falso dilema. Y dio varios ejemplos. Como que 95 por ciento del herbicida se usa en el sector agrícola, de manera legal, y solo 5 por ciento en la erradicación de cultivos ilícitos, y, añadiría yo, hasta ahora no ha habido un papero muerto por esta causa.
O que la coca da un mejor nivel de vida a los campesinos que los cultivos de pancoger, y que por eso, pobrecitos, hay que dejarlos. O que el glifosato produce cáncer a un puñado de personas, mientras que la violencia que genera la industria de la cocaína produce miles de muertos, o decenas de miles de nuevos adictos en nuestras escuelas, por la mayor disponibilidad de droga que permite la existencia del mar de coca.
Yo añadiría que el único dilema válido en la discusión fue la del nobel: sin coca no hay premio, porque al gobernante le hubiera tocado cumplir sus promesa de seguir combatiendo al terrorismo, promesa que fue su bandera, para luego acceder al galardón.
Además, hay muchos más estudios que apuntan a la inocuidad del herbicida, que los que presentan los que quieren perpetuar la violencia mafiosa y las ganancias de la coca, en un país donde hay narcos en todas partes. Los tales estudios esos pueden ser tan chimbos como los certificados de pseudo psiquiatras que excusan a senadores de cumplir sus citas ante la otra Corte, que hay en el mismo Palacio de Justicia.
Sergio Calderón Acevedo
PorPerito financiero y docente
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