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Magdalena

Por la erosión, el Magdalena arrastra anualmente más de 250 millones de toneladas de sedimento y desechos. 

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Con una pasión genuina, Wade Davis, ha escrito un libro sobre Colombia cuyo protagonista es el río Magdalena. Lleno de anécdotas y mezclando datos históricos, descripciones geográficas y ambientales, ha logrado una obra que nos ayuda a entender mejor a nuestro país y de paso abrió una ventana a quien le interese Colombia.
La motivación de Davis empieza con un viaje de intercambio, en 1968, que le dejo una gran curiosidad por el país. Es así como regresa varias veces y la primera de ellas, en 1974, sirviéndole de acolito a un legendario botánico, Richard Evans Schultes, reconocido por sus estudios en plantas alucinógenas.
Afirma Davis, en el prefacio del libro, que el Magdalena es la principal razón de existencia de Colombia y razón no le falta. Aun cuando Davis no lo cita en su libro, fue el historiador cartagenero, Eduardo Lemaitre, quien décadas atrás dijo que la razón por la cual el caribe colombiano no se desprendió de la Gran Colombia, como si aconteció con Venezuela y Ecuador, fue justamente por la acción integradora del Rio Magdalena.
El libro está estructurado en tres partes que corresponden a las secciones con la que, los colombianos, usualmente denominamos al río: Alto, Medio y Bajo Magdalena. Para cada una de ellas, Davis, mezcla abundantes referencias y diálogos con varios ciudadanos que lo acompañaron en esta expedición, así nos retrata lo que acontece actualmente alrededor del río que, en ocasiones, dado el desdén en que se encuentra, más parece un patio trasero y no la razón de ser de Colombia.
Valen la pena sus pasajes sobre la importancia del Magdalena en las culturas precolombinas, la biodiversidad exuberante antes de la conquista, la expedición botánica y como Humboldt alertó, de forma audaz, el proceso de destrucción avanzada de la naturaleza, o de la paradoja del progreso del transporte fluvial a inicios del siglo XX y el consumo desaforado de madera para mover pasajeros y cargas. Nos recuerda el papel principal del río en la campaña libertadora, así como la descripción de aquel como el teatro para el desarrollo de los ritmos musicales de Colombia.
Tiene también varias descripciones dolorosas como la tragedia de Armero, las cicatrices y heridas, aun abiertas, por cuenta de la violencia guerrillera, paramilitar y del narcotráfico o el colapso de muchos humedales y ciénagas, y de especies como manatís, tortugas y caimanes por caza desaforada.
Al hacer este recorrido, desde el Macizo Colombiano hasta Bocas de Ceniza, concluye Davis sobre aquello de lo que tanto se habla, pero no se corrige: el abrumador deterioro ambiental del río grande. Por la erosión, el Magdalena arrastra anualmente más de 250 millones de toneladas de sedimento y desechos, más del 80% de sus bosques se han perdido y los inventarios de peces se han reducido dramáticamente.
¿Podremos los colombianos recuperar el río? Tal vez nunca lleguemos a la pureza y biodiversidad de antes, pero es claro el mensaje en este libro: tenemos que revertir la tendencia de destrucción irreparable que traemos. Menciona esperanzadoramente el autor la recuperación de los ríos Támesis y Sena. Podemos agregar el Tajo y el Han. Se puede.
Sergio Díaz- Granados
Director Ejecutivo del BID para Colombia y Perú.
sergiodg@iadb.org
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