Ceguera periférica
Algunos analistas de la economía colombiana se sienten satisfechos con lo logrado en el año pasado al compararse con lo sucedido en el país en años anteriores, olvidando que esa comparación no debe hacerse con sí mismos sino con los demás. Ello demuestra nuestro aislamiento cultural, como lo sostiene Andrés Oppenheimer, en su reciente libro ¡Basta de Historias! Mientras que los chinos, los indios y muchos otros pueblos que están reduciendo la pobreza a pasos agigantados viven mirando alrededor suyo, para ver qué se está haciendo en el resto del mundo y copiar lo que les conviene, en Latinoamérica lo usual es mirar hacia adentro. Vivimos mirándonos el ombligo.
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Colombia, como los demás países de la región, vive atrapada en un desarrollo industrial que nunca culminó, y que desde la década del 70 dejo de aumentar su participación en el PIB, y sin que haya tomado plena conciencia de que el siglo XXI será el de la sociedad del conocimiento. Ya no son los recursos naturales los que producen mayor conocimiento sino que las naciones que están avanzando son las que apostaron a la innovación y producen bienes y servicios de mayor valor agregado. El grueso de le economía mundial está en el sector de servicios, que representa el 70% del total. Para ello, hay que apoyar fuertemente a la educación, ya que sin ella no se podrá competir en la sociedad de conocimiento, donde los productos de alta tecnología se cotizan mucho más en los mercados mundiales que las materias primas, y que el boom que ellas gozan actualmente es transitorio. La inversión en educación debe tener como componente fundamental la transformación de las escuelas de negocios. No basta con abrir las puertas al capital extranjero, sino que resulta esencial que el mejor capital humano del país se beneficie de él. Es necesario que los estudiantes más calificados adelanten sus licenciaturas en el exterior e invitar, como lo hizo China, a que las mejores universidades extranjeras se establezcan en el país. No hay que olvidar que gran parte del crecimiento económico de la India se debió a la próspera industria informática de ese país. Las grandes multinacionales del mundo establecieron sus empresas de software en Bangalore y Hyderabad gracias a la mano de obra barata de ingenieros y otros profesionales altamente calificados. En contraste con la India y China, Colombia, como los demás países latinoamericanos, no tienen nada que ofrecer como centro internacional de exportación de servicios. Esta carencia de profesionales capacitados tiene relevancia frente a una reciente conversación entre Mario Vargas Llosa y Sebastián Edwards, a quien el flamante Premio Nobel acusó amigablemente de nacionalista por mostrarse contrario a su propuesta de que los países latinoamericanos sigan el modelo de integración europea. Edwards rechazó la propuesta porque su aceptación significaría una camisa de fuerza para el desarrollo de Chile, que ya se encuentra muy avanzado en su integración con el mundo. Sin embargo, no hay que olvidar que esta integración es comercial y no industrial, en la cual los países de la región tienen grandes carencias precisamente porque las empresas internacionales no encuentran profesionales altamente capacitados. En América Latina hay apenas una multiplicidad de empresas, con veinte o treinta programadores, cuando lo que se necesita son compañías grandes con cuatrocientos programadores o más. Esta industria de mayor escala, que tanto se necesita, sólo se logrará con una mayor integración económica. " Ya no son los recursos naturales los que pro- ducen mayor conocimiento, los países que están avanzando son los que producen bienes y servicios de mayor valor agregado". emece1960@yahoo.com *Consultor internacionalADRVEG
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