Venezolanos se cansan de luchar en contra del régimen de Maduro
Ya la gente ha protestado, ya el mundo sabe que somos mayoría, pero usamos silbatos contra las balas.
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Cuando Juan Guaidó instó a la gente a salir a las calles una vez más el sábado para desafiar el Gobierno de Nicolás Maduro, sus seguidores respondieron con simpatía, pero también con abatimiento y temor. Después de una semana de brutales enfrentamientos con las fuerzas de seguridad que dejaron cuatro manifestantes muertos y cientos de heridos, muchos cuestionaron si era aconsejable regresar a las calles.
“¿Hasta cuándo vamos a marchar? ¡Ya basta!” tuiteó Nangel Medina, una diseñadora gráfica del estado de Zulia. “Ya la gente ha protestado, ya el mundo sabe que somos mayoría, pero estamos usando silbatos y pancartas para luchar en contra de balas”.
“Dejen de ofrecernos como carne de cañón y de convertirnos en mártires en vano”, añadió María Hernández, otra de los 2 millones de seguidores de Guaidó. “Necesitamos acciones concretas”.
Guaidó tal vez cuente con el apoyo de la mayoría de los venezolanos en su intento de destituir a Maduro, pero después de cuatro meses de esfuerzo, la gente está cansada. Se suponía que las marchas del sábado ganarían el apoyo de los militares. Guaidó instó a sus seguidores a marchar hacia las instalaciones militares y entregar copias de una carta en la que les recordaba a las fuerzas armadas cuáles eran sus deberes constitucionales y los instaba a apoyar una “transición pacífica”.
Pero pocas personas hicieron caso al llamado y ni siquiera se presentó Guaidó, quien se esperaba que encabezara una de las marchas. En cambio, los agotados venezolanos aprovecharon la calma para abastecerse de suministros. “Éstos no han sido días fáciles y las cosas todavía están tensas”, apuntó Magaly Uzcátegui, de 62 años, mientras compraba frutas y verduras en un mercado en el distrito de El Paraíso.
“Esta semana fue brutal. La policía militar disparó mucho. En el edificio donde vivo, se rompieron muchas ventanas y se aparecieron los colectivos (pandillas en motocicletas que apoyan al Gobierno(. Apenas estamos sobreviviendo”, agregó.
“No sabemos qué va a suceder después”, apuntó Rafael Rojas, de 54 años, mientras hacía cola para comprar tomates. “No está en nuestras manos”.
La pausa en las protestas se produjo después de una semana extraordinaria en la que Guaidó intensificó su campaña, presentándose fuera de una base aérea en Caracas flanqueado por hombres armados y llamando a la insurrección. Miles de simpatizantes se congregaron a su lado, lo cual provocó tres días de enfrentamientos. El ejército en gran medida se mantuvo fiel a Maduro, quien dijo que había derrotado un intento de golpe de Estado. El viernes, su fiscal general, Tarek William Saab, afirmó que había emitido 18 órdenes de arresto para “conspiradores civiles y militares”.
Hasta ahora, el Gobierno se ha abstenido de arrestar a Guaidó. Washington ha dicho que actuará firmemente si lo hace e insiste en que “todas las opciones siguen disponibles”, incluyendo la intervención militar.
El sábado, Maduro realizó otra visita a una base militar, en la que felicitó a los cadetes por su preparación para librar una “guerra antiimperialista”. “Un puñado de traidores que se venden a los intereses de EE. UU. no manchará el honor militar de la Patria”, escribió en Twitter durante el viaje por el estado de Cojedes. Lo acompañaba su ministro de defensa, Vladimir Padrino López, quien, según EE. UU., ha estado hablando con la oposición y había aceptado unirse a la rebelión de la semana previa antes de retractarse en el último momento.
Mientras tanto, Washington mantuvo su implacable campaña en los medios sociales contra el Gobierno de Maduro, y el secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, tuiteó un video en el que una vez más prometió apoyo para el pueblo venezolano y dijo que “ahora es el momento de la transición”.
Guaidó ha reconocido que aún no cuenta con suficiente apoyo dentro del ejército para forzar un cambio de régimen, mientras que, por su parte, Maduro ha aceptado que su administración necesita “rectificar errores”. Con ese propósito, autorizó miles de “asambleas” populares en el fin de semana para discutir qué se necesita cambiar. Sin embargo, parecía que estaban abiertas sólo a los partidarios del Gobierno.
La crisis en Venezuela se ha convertido en una preocupación mundial; rusos, cubanos y chinos apoyan a Maduro y EE. UU. y la mayoría de los países latinoamericanos respaldan a Guaidó.
El presidente Donald Trump habló con el líder ruso Vladimir Putin sobre esto el viernes pasado y Pompeo tiene previsto plantearlo cuando viaje a Rusia la próxima semana. A pesar del revés de la semana pasada, en Caracas, Uzcátegui dijo que aún confiaba en que pronto Maduro sería destituido. “Si le queda algo de conciencia y dignidad, va a renunciar”, concluyó.
Gideon Long
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