A cuidar los retoños
Tras tocar fondo en abril, la economía colombiana transita un camino de reactivación, cuya velocidad debe empezar a acelerarse.
Aún nos quedan algunas semanas para terminar el “peor trimestre de la historia” de la economía colombiana.
Las cifras disponibles confirman que abril, mes que la mayoría de los colombianos pasó en su totalidad bajo el confinamiento más estricto, hundió la actividad económica del país, arrasó con más de 5,4 millones de empleos y quebró, o puso al borde de la quiebre, un número aún no determinado de empresas de todos los tamaños y sectores.
No obstante, la flexibilización de la cuarentena, que ha venido en simultánea con el ritmo creciente de contagios, ha permitido el lento y gradual retorno tanto de diversas actividades productivas como de trabajadores formales e informales.
Varios de estos sectores, como la construcción y la industria manufacturera, retomaron sus operaciones durante el mes de mayo y, en este último mes del trimestre, podrán estar mucho más adaptados a la llamada “nueva normalidad” de la pandemia.
Precisamente, gracias a la suavización de las restricciones de la cuarentena y la reapertura de estos sectores, mayo dejó algunos pequeños retoños de recuperación de la economía.
Por ejemplo, la demanda de gasolina y diesel aumentó un 40 por ciento el mes pasado, mientras que la de energía subió un 4 por ciento.
Si bien el retorno del comercio en propiedad apenas comenzó la semana pasada en algunas ciudades -y en Bogotá, por ejemplo, sigue un camino más lento y complicado-, es probable que la reactivación sectorial se traduzca en señales positivas en el consumo de los hogares.
Es importante mencionar que los planes de subsidios al pago de nómina y de la prima para salarios mínimos constituyen un alivio sin precedentes a la liquidez de las empresas que ayudará en algún grado la dificultad reinante.
Desde el frente de la actividad empresarial, el Ministerio de Comercio reportó ayer que, hasta el pasado sábado, más de 156 mil empresas de manufactura, servicios y comercio, ubicadas en 226 municipios del país, se inscribieron para reabrir, y más de 134 mil ya fueron autorizadas. Según esta cartera, sectores que cubren el 80 por ciento del PIB nacional ya pueden reactivar operaciones.
Sin embargo, la realidad empresarial es mucho más compleja que la autorización para reanudar operaciones. No es lo mismo abrir que poder producir con las adaptaciones y los protocolos requeridos bajo la pandemia.
No es lo mismo producir con todos esos requisitos que vender en un entorno de demanda deprimida, pérdida billonaria de ingresos en los hogares y restricciones en los comercios.
Y no es lo mismo vender con todas esas limitaciones que llegar al punto de equilibrio para pagar salarios y mantener la viabilidad del negocio.
Es momento para el Gobierno de pasar del discurso y los números de las autorizaciones a las realidades de un sector comercial y empresarial que sufre por el ritmo de la reactivación.
No es fácil encontrar estas tenues señales de vida de una economía que el confinamiento detuvo en seco y que caería este año casi 5 por ciento. No se trata de edulcorar una realidad ya amarga.
Pero esos retoños, pocos por ahora , envían el mensaje que reactivar industria, comercio, servicios y construcción es el camino. Además, que la verdadera reactivación no se limita a las autorizaciones para las reaperturas, sino que implica una agenda mucho más ambiciosa.
Esta agenda de recuperación económica pasa por agilizar la reactivación sectorial, por ejemplo del comercio en ciudades como Bogotá y Cali; por incentivar la protección de empleos que frenen la hemorragia; por estimular directamente la construcción. En resumen, acelerar la velocidad.
Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda
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