Por ahí es la cosa
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
No existen antecedentes en la historia del país con respecto a una mejora tan significativa en los indicadores sociales, como la que fue reportada ayer por el Dane.
Según la entidad, la pobreza total -según las líneas de ingreso definidas para un grupo familiar- descendió del 37,2 al 34,1 por ciento de la población entre 2010 y 2011. Dicha reducción, de 3,1 puntos porcentuales, equivale a 1,2 millones de personas en el lapso anotado.
Y eso no fue todo, pues la pobreza extrema también bajó al pasar del 12,3 al 10,6 por ciento en el mismo periodo, mientras que la desigualdad -medida por el coeficiente de Gini- se ubicó en un índice de 54,8 el año pasado, 1,2 puntos menos que en el periodo previo. Aunque ese avance probablemente no evite que el nación siga en la retaguardia de Latinoamérica, es alentador el cambio de tendencia frente a lo que venía ocurriendo.
Otro indicador, el índice de pobreza multidimensional, diseñado por la Universidad de Oxford, en el que intervienen 15 variables, igualmente se redujo en un punto y alcanzó el 29,4 por ciento.
Aunque en estos casos siempre es fácil hacer mofa de las estadísticas oficiales y decir que los resultados entran en el terreno del realismo mágico, la verdad es que los datos merecen una consideración seria. La razón es que desde hace años se trabaja para mejorar la calidad de la información en un campo en el que el país estuvo a ciegas durante un buen tiempo.
Tan grave fue el vacío, que entre 2005 y 2008 no se le tomó el pulso al asunto, por lo cual fue necesario hace una especie de ‘borrón y cuenta nueva’ que incluyó la asesoría de varias entidades multilaterales y la adopción de mejores prácticas internacionales en la recolección de las cifras.
Gracias a ello, los especialistas consideran que se tiene un sistema apropiado, que además es administrado por el Dane, cuya capacidad genera confianza.
Hechas esas precisiones, vale la pena referirse a lo sucedido. En tal sentido, hay que decir que lo que ha pasado en Colombia se asemeja mucho a la experiencia de otras naciones de América Latina, en donde también la pobreza ha disminuido fuertemente a lo largo del siglo.
Según la Cepal, entre 1990 y 2011, la proporción de habitantes de la región en esa condición descendió del 48,4 al 30,4 por ciento de la población.
Y si se toman números absolutos, en comparación con el 2002, dicha reducción ha sido de 51 millones de personas.
En todos los casos las razones son básicamente las mismas. La más importante tiene que ver con un repunte en la actividad económica, que se ha traducido en un recorte en el desempleo. De tal manera, un aumento en los niveles de ocupación impacta favorablemente el nivel de los ingresos familiares, con lo cual un número muy importante de ciudadanos puede engrosar las filas de la clase media.
Aparte de lo anterior, hay medidas estatales que sirven para que esa transición sea más veloz.
Una de las fundamentales es la política de transferencias condicionadas, a través de la cual los hogares más pobres reciben un estipendio mensual a cambio de cumplir con una serie de condiciones, que pueden ir desde la asistencia de los hijos hasta una institución educativa o los controles a la salud de los ancianos.
En esta categoría se incluyen acciones puntuales más precisas que también tienen incidencia en la pobreza. Por ejemplo, la Red Juntos que opera en el país usa cerca de 45 parámetros que van más allá de la vinculación a la seguridad social o la calidad de una vivienda, como en el caso del adecuado registro de los hijos y la tenencia de cédula o libreta militar, en el caso de los varones.
Por tal motivo, si bien la marcha favorable del PIB tiene un rol fundamental para que la pobreza disminuya, hay que hacer la tarea para que se logre cerrar la brecha con mayor rapidez.
El balance logrado hasta ahora es satisfactorio, pero falta mucho para que Colombia pueda cantar victoria en un tema en el cual la batalla continúa.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
ricavi@portafolio.co
Ponte al dia.