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A Colombia le gusta hablar de crecimiento, pero con frecuencia olvida dónde están sus motores más potentes. Mientras el país discute reformas, restricciones fiscales y metas económicas ambiciosas, uno de los sectores con mayor capacidad para mover la economía permanece frenado por obstáculos que no deberían existir.
La construcción de edificaciones no es otra actividad. Es uno de esos sectores capaces de generar inversión, empleo, recaudo y bienestar social al mismo tiempo.
La evidencia es contundente. Existen más de 1.400 proyectos de vivienda listos para iniciar, con inversiones cercanas a $98 billones y el potencial de desarrollar alrededor de 257.000 viviendas.
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Son proyectos formulados, muchos de ellos en preventa, que confían en que avanzar bajo el nuevo ciclo político en la Casa de Nariño.
La paradoja es que esta oportunidad aparece cuando el país más la necesita. El Gobierno enfrenta limitaciones presupuestales, mientras la economía requiere nuevas fuentes de dinamismo.
En ese escenario, la construcción tiene una ventaja que pocos sectores pueden exhibir: moviliza capital privado y multiplica su impacto sobre decenas de actividades económicas.
Activa industrias, proveedores, transporte, servicios financieros y empleo regional.
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Pero el desafío no es únicamente económico. Colombia está formando entre 250.000 y 350.000 hogares al año, mientras las iniciaciones de vivienda permanecen en niveles insuficientes para responder a esa demanda.
Cuando la oferta formal se queda atrás, la informalidad avanza. Y detrás de la informalidad aparecen déficits sociales que terminan siendo mucho más costosos para el Estado.
Por eso la discusión es cómo convertirla en eje de una estrategia nacional de crecimiento. Habilitar suelo, simplificar trámites, recuperar mecanismos de financiación y fortalecer la confianza de inversionistas y hogares son tareas urgentes.