Alcanzando la meta
El Banco Mundial viene de publicar un informe que permite cierto optimismo.
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
A comienzos del siglo los líderes de 189 países, reunidos en las Naciones Unidas en Nueva York, acordaron firmar una declaración, en la que asumieron compromisos relacionados con la paz, los derechos humanos, la protección del entorno y el bienestar.
Con base en ese documento, pocos meses después se concertaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que incluyen 8 propósitos específicos y cuantificables, además de 18 metas y 40 indicadores.
Dentro de ese listado se encuentran ideales como los de erradicar la pobreza extrema, conseguir la educación universal y la igualdad entre los géneros, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/Sida, asegurar la sostenibilidad ambiental y fomentar una alianza mundial para el desarrollo.
Semejante listado es particularmente ambicioso, pues se trata de corregir algunas de las injusticias que hay en un mundo en el cual pocos tienen mucho y muchos tienen poco.
Por tal motivo, la idea es que para el 2015 tenga lugar un corte de cuentas con el fin de medir el progreso conseguido.
Ante la cercanía de esa fecha, el Banco Mundial viene de publicar un informe que da algunas razones para el optimismo. Y es que a pesar de la creencia generalizada en el sentido de que en el mundo en desarrollo las cosas no cambian, la evidencia muestra todo lo contrario.
Dos terceras partes de las naciones de menores ingresos van en camino a cumplir los Objetivos del Milenio, con lo cual se confirma la impresión de que la humanidad está experimentando transformaciones fundamentales que hasta hace poco parecían impensables.
Tal vez el medidor más directo es el de la pobreza extrema, cuya meta concreta es la de bajarla a la mitad, frente a lo observado a finales del siglo XX, para mediados de la presente década.
Pues bien, todo sugiere que la proporción de personas que vive con menos de 1,25 dólares al día o su equivalente -que constituye la definición universal de la miseria- efectivamente está cayendo en forma acelerada.
Según el reporte citado, si en 1990 un 41,7 por ciento de la población mundial estaba en esa categoría, para el 2005 el dato había bajado a 25,2 y para el 2015 debería llegar a 14,4 por ciento.
Eso, en números absolutos, implica pasar de 1.816 a 883 millones de seres en apenas un cuarto de siglo. La causa principal de esa reducción es el buen desempeño del Asia, sobre todo en China e India.
Las altas tasas de crecimiento vistas en ambos países han elevado el ingreso disponible y permitido que decenas de millones de ciudadanos den un salto notable. América Latina, por su parte, también está teniendo una evolución positiva, aunque menos dramática.
El cálculo es que la incidencia de la pobreza extrema bajará de 11,3 a 4,7 por ciento de la población de la región en el lapso anotado. En otros frentes, el mensaje también es alentador. Así ocurre con el acceso universal a la educación primaria o con la igualdad entre niñas y niños en lo que tiene que ver con asistencia a la escuela.
Además, la disponibilidad de agua potable ha mejorado, lo cual se siente sobre los indicadores de salud. Pero no todo es bueno. El Banco Mundial sostiene que en lo que hace a mortalidad infantil y maternal no se ha logrado el salto esperado.
Tampoco es notable el balance en lo que tiene que ver con alcantarillado y tratamiento de desechos y basuras. Una vez más, el progreso en este terreno es lento.
Todo lo anterior muestra que el esfuerzo debe continuar, sobre todo en aquellos países más rezagados que cada vez se quedan más atrás. Colombia, que está en otro grupo, va relativamente bien, pero necesita redoblar la tarea en ciertos indicadores como los de pobreza, que la dejan peor que muchos otros en América Latina.
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