Un avance notable
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Es muy significativo que en un mundo en el cual el empleo se ha convertido en la preocupación más aguda de la ciudadanía, Colombia haya logrado un avance contundente el año pasado.
Así, por lo menos, se infiere de lo dicho por el Dane ayer. Según la entidad, el índice de desocupación cayó en un punto porcentual a nivel nacional, alcanzando un promedio del 10,8 por ciento en el 2011, el más bajo en casi década y media.
En diciembre la cifra fue del 9,8 por ciento, con lo cual se completaron cuatro meses en los que se mantuvo en un dígito.
La reducción anotada es todavía más destacable cuando se tiene en cuenta que la tasa global de participación se mantuvo al alza. En otras palabras, una proporción sin precedentes de colombianos en edad de trabajar –63,7 por ciento– entró a la fuerza laboral.
A pesar de ello, fue posible absorber esa masa adicional de personas, con lo cual el número de ocupados subió en 802.000 hasta más de 20 millones –un incremento del 4,2 por ciento–, mientras que el de desempleados se redujo en 137.000 hasta 2,4 millones, una contracción del 5,4 por ciento. Como si lo anterior fuera poco los subempleados también disminuyeron, completando un parte muy positivo.
En general, lo sucedido es el reflejo de una economía que anduvo más rápido de lo esperado.
Como es bien conocido, la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto habría sido superior al 5,5 por ciento en el año que acaba de terminar, gracias a la buena combinación de mayores exportaciones y una demanda interna vigorosa. Diferentes sectores, desde la industria hasta el comercio, pasando por la construcción y la agricultura, aportaron en la creación de nuevas plazas.
Por otra parte, los análisis de los expertos muestran que la informalidad disminuyó ligeramente, gracias a lo cual se revirtió una tendencia que mostraba ribetes preocupantes.
Desde hace varios meses la generación de trabajos formales va más rápido que el promedio, confirmando la buena marcha del sector empresarial y la apertura de nuevos negocios de todo tipo.
Incluso en las malas noticias hay elementos positivos. Así, el elevado desempleo que caracteriza a ciudades como Quibdó, Popayán, Armenia o Ibagué es inquietante, pero las tasas más altas se encuentran por debajo del 20 por ciento.
En contraste, hay siete capitales que están en niveles inferiores al 10 por ciento, incluyendo a Bogotá y a las tres más grandes de la Costa Atlántica.
Dicho lo anterior, así la celebración sea merecida, lo alcanzado no puede ser motivo de complacencia.
El motivo principal es que la desocupación en Colombia es la más alta de América Latina, por lo menos entre las naciones de mayor desarrollo económico relativo.
Frente a un desempleo del 11,4 por ciento en las 13 principales áreas metropolitanas del país, el promedio urbano de la región es cercano al 7 por ciento. Como queda claro, el terreno que falta por recorrer es todavía inmenso.
La brecha que queda por cerrar –fundamental para ganarle la batalla a la pobreza– muestra la importancia de preservar el buen clima económico y saber aprovechar el viento que sopla a favor para Colombia, más allá de los peligros de corto plazo derivados de la compleja situación que vive Europa. Dicho de otra manera, para bajar la desocupación y mantenerla por debajo del 10 por ciento, será necesario que el crecimiento del PIB no sea inferior al 4 por ciento durante lo que queda de este lustro.
Por ahora, la meta del Ministerio de Hacienda es que a partir de julio se pueda volver a tasas de desempleo de un dígito, pues por razones estacionales en los meses que vienen habrá un retroceso.
Pero sin duda hay que persistir en la generación de oportunidades y en la búsqueda de una mayor formalización de la fuerza laboral, ya que las experiencias pasadas demuestran que avanzar es difícil mientras que retroceder, cuando se baja la guardia, ocurre en un abrir y cerrar de ojos.
Ponte al dia.