La ‘batalla’ de Boyacá
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Bastó un gesto para que por fin se viera algo de luz al final del túnel. Así podría resumirse la sensación que quedó ayer en Tunja, tras la visita que hiciera Juan Manuel Santos a la capital boyacense.
A lo largo de varias horas, el mandatario se reunió con autoridades regionales y municipales, pero sobre todo con los líderes del paro que desde hace una semana tiene bloqueado al departamento y cuya causa ha generado muestras de solidaridad, como lo confirman los ‘cacerolazos’ en diversas capitales.
La disposición para conversar por parte de quien encabeza el Ejecutivo, puede haber sido el punto de inflexión a la hora de resolver la crisis.
Falta, por supuesto, que se produzca el humo blanco que requerirá acuerdos específicos y compromisos verificables, los cuales deberán ser tratados en la mesa que comienza sus deliberaciones hoy y a la que también asistirán representantes de Tolima y Nariño. No obstante, el cambio de actitud del Gobierno es notorio, algo que debería servir para que las partes recuperen la confianza perdida y para que, ojalá, más temprano que tarde, se despejen las vías y las cosas retornen a la normalidad.
Expresado ese deseo, vale la pena sacar algunas conclusiones parciales sobre un hecho que estaba anunciado desde hace semanas.
En su momento, la cercanía del 19 de agosto llevó a varios integrantes del gabinete a tratar de evitar que cafeteros y camioneros hicieran una alianza, que podría haber llevado a paralizar buena parte del territorio. Desactivado el peligro, el nivel de alarma se redujo y la respuesta se concentró en darle rienda suelta a la Policía para que despejara vías y evitara desmanes.
Dicha estrategia no tuvo en cuenta un elemento fundamental: la presencia de una población campesina que, en el caso boyacense, alberga algunas de las actividades agropecuarias más golpeadas en tiempos recientes como pueden ser la producción de papa, cebolla o leche, y a la cual se le habían incumplido pactos ya firmados.
Aunque la manera en que se ha incubado la crisis en cada ramo no es la misma, los habitantes del departamento sienten que su calidad de vida se ha deteriorado y que las perspectivas que tienen ante sí son preocupantes, frente al temor que despiertan los tratados de libre comercio.
Más allá de evaluar si tales prevenciones son justificadas o no, lo cierto es que en cuestión de horas apareció un movimiento con raíces genuinas.
Como si eso fuera poco, los excesos de las fuerzas antimotines -registrados por decenas de celulares y disponibles en las redes sociales- sirvieron para amalgamar la resistencia. Siempre será posible decir que entre los labriegos había infiltrados que estaban interesados en sembrar violencia, pero se equivoca de plano quien piense que las manifestaciones fueron a causa de unos pocos.
Lamentablemente, y a pesar de la cercanía geográfica, en Bogotá las señales se interpretaron mal y tarde.
Por varios días la propia Casa de Nariño minimizó la situación, usando siempre el argumento de que no negociaría mientras persistieran las barricadas en las carreteras. Además, el propio Santos le echó leña al fuego con sus comentarios durante un sobrevuelo de la zona afectada el sábado y en un discurso pronunciado el domingo.
Así las cosas, ha llegado la hora de recoger las velas.
En tal sentido, tal vez lo más rescatable es el pronunciamiento presidencial en el sentido de que existe una oportunidad que vale la pena aprovechar. Esta no consiste, como bien dijo el líder de ‘Dignidad papera’, en conseguir más subsidios, sino en reformular una política que no ha dado buenos resultados y que debe llevar a que mejoren los ingresos en el campo, sin que ello sea por cuenta de mayores precios en los alimentos, sino de costos más bajos y, por ende, de mejoras sustanciales en la productividad de cultivos y hatos. En la medida en que eso ocurra, esta ‘batalla’ de Boyacá no habrá sido en vano.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: ravilapinto
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