Una buena noticia

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Los más diversos analistas, desde los del sector privado hasta los del Fondo Monetario Internacional, coinciden en que el 2012 no va a ser un año bueno para la economía mundial.
Con un crecimiento promedio cercano al 3 por ciento, es claro que naciones ricas como Japón o algunas de la Unión Europea se encuentran en recesión, mientras que los países emergentes han disminuido su velocidad, ante la ralentización de la locomotora china.
En medio de ese panorama, América Latina ha sentido el viento en contra. Según los cálculos más conocidos, el PIB regional tendrá un incremento de apenas 3,2 por ciento en este periodo, una cifra cercana a su promedio histórico, pero por debajo de la de los últimos años.
La moderación en los precios de las materias primas que exporta, sumada a la menor demanda externa, han enfriado la actividad industrial, la minería y la agricultura.
Pero aun en medio de ese panorama, hay motivos para celebrar.
Así lo viene de señalar la Cepal, que ayer dio a conocer el más reciente panorama social sobre las naciones del área. De acuerdo con el organismo, que depende de las Naciones Unidas, la pobreza en esta parte del mundo sigue disminuyendo.
En el 2011, la proporción de la población en esa categoría llegó al 29,4 por ciento, y al finalizar el año debería ubicarse en 28,8 por ciento.
Tales cifras contrastan con el 48,4 por ciento de 1990. Puesto en otras palabras, si hace un par de décadas uno de cada dos latinoamericanos se encontraba en las filas de la pobreza, ahora es menos de uno de cada tres.
Y en números absolutos, el cambio también es muy grande. Hace diez años, en el 2002, el total de pobres en la región ascendía a 225 millones de personas, de las cuales 99 millones eran indigentes. Ahora, esos números son de 167 y 66 millones de habitantes, respectivamente.
Dicho de otra manera, 58 millones de ciudadanos han pasado a estratos de ingreso superiores en un lapso relativamente corto, lo cual coincide con los análisis que hablan del llamativo crecimiento de la clase media.
La causa principal de esa transformación es, ante todo, una: el descenso en el desempleo, que en el 2012 se ubicaría en 6,4 por ciento en promedio.
Sin negar que existe un enorme problema de informalidad, el aumento en las tasas de ocupación ha sido fundamental para que mejore la calidad de vida en los hogares, incluyendo los de menores recursos.
Además, hay que mencionar el impacto de programas de transferencias condicionadas o subsidios directos, aunque la evidencia sugiere que estos tienen un efecto relativamente menor que el de conseguir un puesto.
Y las señales no terminan ahí. La Cepal afirma que a lo largo del presente siglo han venido disminuyendo los índices de desigualdad en América Latina.
En todo caso, hay que tener presente que la nuestra es la zona más inequitativa del mundo entero. Aceptando los progresos, no está de más recordar que el 10 por ciento más rico se queda con el 32 por ciento de los ingresos, mientras que el 40 por ciento más pobre apenas recibe el 15 por ciento de la renta.
En medio de ese panorama, Colombia se supera. Si en el 2002 la pobreza cubría al 49,7 por ciento de la población, el año pasado bajó al 34,2 por ciento, y todo indica que seguirá cayendo.
Por su parte, el índice de Gini que mide la concentración de la riqueza disminuyó ligeramente, un cambio de tendencia alentador que merece mayor impulso.
Tales mediciones dejan en claro que lo sucedido en la década pasada y en lo que va de esta, es motivo de ánimo.
De manera contundente, el total de pobres e indigentes en América Latina se reduce, aunque todavía falta un largo camino para construir una sociedad más justa.
Y para llegar a esa meta no hay solo que generar más empleo, sino tener políticas redistributivas para repartir mejor una torta que hoy se reparte mal.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
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