Cambio de ciclo
EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Hasta hace poco los funcionarios colombianos que salían a vender las bondades del país en otras latitudes exhibían la buena evolución del comercio exterior. En las presentaciones, el mensaje central era el despegue en las exportaciones, que se multiplicaron por cinco en diez años hasta sumar más de 60.000 millones de dólares en el 2012. De la mano de esa evolución se hacía énfasis en el saldo a favor de la balanza comercial que llegó a un total de 4.181 millones de dólares en ese mismo periodo.
Pero las cosas están cambiando. Así lo acaba de confirmar el Dane que ayer dio a conocer el dato de importaciones en abril, las cuales registraron un aumento del 16 por ciento, que contrasta con una disminución de las ventas del 1 por ciento. En el acumulado del año, las cifras muestran un alza en las compras totales de casi el 5 por ciento, mientras que el valor de los despachos ha bajado en más de 7 por ciento.
El efecto combinado de esa realidad se nota en la balanza comercial. En lo corrido del 2013, el saldo en negro va en 596 millones de dólares, muy inferior a los 2.934 millones registrados en igual lapso del año pasado. De seguir dicha tendencia, las posibilidades de llegar a un déficit son muy elevadas, un escenario que no se encuentra contemplado en las cuentas oficiales y que traerá consecuencias en varios frentes.
Las razones de lo sucedido son varias. De un lado, el país se ha convertido en un exportador primordial de materias primas provenientes de la actividad minera, en el que tres cuartas partes de sus ventas de bienes están representadas en petróleo, carbón, oro, ferroníquel y esmeraldas. Como las cotizaciones de esas categorías se han estancado o mostrado descensos, la suma facturada ha bajado sin que otros ramos como los industriales hayan tenido un buen desempeño.
Por otra parte, es verdad que la demanda interna es menos vigorosa que en el pasado reciente. Pero el apetito por los productos extranjeros no disminuye, así su ritmo de incremento sea más bajo que en otros años. Entre enero y abril, por ejemplo, el país aumentó sus adquisiciones de productos agropecuarios, alimentos y bebidas; combustibles; y manufacturas. Entre de los ítems específicos que han mostrado dinámica se encuentran desde pienso para animales, con un salto del 40 por ciento, hasta carne, con uno del 35, pasando por bebidas y tabacos cuya alza fue 68 por ciento.
El paulatino cambio de signo en la balanza comercial no tendría mucho de llamativo, de no ocurrir un asunto que merece atención. Tal como otras naciones latinoamericanas, Colombia muestra un saldo en rojo en su balanza de pagos, que se había mantenido en niveles manejables por cuenta de la buena marcha de las exportaciones y que ha podido ser financiado gracias a la llegada de capitales.
Sin embargo, diferentes analistas –incluyendo a la Ocde, que a comienzos del año lo señaló en su reporte sobre el país– han dejado en claro que la relativa holgura de tiempos recientes se encuentra en riesgo si la bonanza de los bienes primarios desaparece. En tal sentido, quien sepa escudriñar los datos podrá darse cuenta que el exceso de divisas que se ha traducido en una tasa de cambio revaluada está comenzando a quedar atrás.
Tales cuentas se notan en el mercado cambiario, a pesar de los movimientos especulativos que tratan de impulsar al peso sobre el dólar. Para decirlo con claridad, si no hay excedentes en el comercio exterior, la inversión extranjera que llega a Colombia disminuye y los capitales buscan otros destinos más atractivos, están dadas las condiciones para que la devaluación se haga presente con más fuerza que en las semanas pasadas. Y tal escenario no depende tanto de la voluntad del Gobierno, sino de sumas y restas que dejan en evidencia que hay un nuevo ciclo en materia externa, del cual hay que tomar nota.
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